sábado, 3 de mayo de 2014

Las costumbres de Le Corbusier, Fuller, Khan, Einsenman, Wright, entre otros.


Cortesía de Nicolás Valencia M.

Seas quién seas, hagas lo que hagas, vivas donde vivas y ganes lo que ganes, todos compartimos algo: nuestros días duran 24 horas. Aunque nos parezca que algunos son capaces de hacer prácticamente todo lo imaginable en la misma porción de horas que nosotros, cada uno de los personajes inspiradores de la Humanidad ha moldeado su propia rutina diaria, en función de sus necesidades y pasiones. Claro, algunas rutinas fueron más saludables que otros, pero ése ya es otro tema. Entonces, ¿cómo gastan sus 24 horas diarias estos hombres y mujeres?, ¿hay algo que debamos aprender de ellos?, ¿qué tanto difieren de nuestras propias rutinas?

El libro Daily Rituals del escritor estadounidense Mason Currey, y deudor del blog Daily Routines también del mismo autor, expone las rutinas diarias de 161  grandes mentes de nuestra sociedad, incluyendo a cierto número de arquitectos: desde las lecturas madrugadoras de Peter Eisenman a la erradicación del descanso nocturno de Buckminster Fuller, pasando por las mañanas de pintura de Le Corbusier y las esporádicas siestas de Frank Lloyd Wright.

Le Corbusier lleva cinco horas dibujando en su atelier, luego de pasar la mañana pintando. Se levanta de su asiento, da vueltas mientras reparte órdenes, se vuelve a sentar y apoya su cabeza sobre su puño izquierdo, mientras bosqueja con un trozo de carbón sobre el papel. No ha sido un buen día. Hoy las ideas le salen percudidas. C’est difficile, l’architecture, dice lamentándose y frustrado deja caer el carbón. Suspira, toma su abrigo, se despide del atelier, se sube a su Simca Fiat de color pistacho y maneja rumbo a casa. Son las 7 de la tarde.


Esta recreación refleja la imperturbable rutina de Le Corbusier cuando se frustraba en la traducción de sus propias ideas, como revelaría más tarde el arquitecto polaco Jerzy Soltan (1913-20005) en “Working With Corbusier”, artículo también rescatado por el blog Daily Routines. ¿Y qué ocurría si las ideas de Corbu fluían con soltura? Según Soltan, “si el trabajo iba bien, si disfrutaba sus propios dibujos y estaba seguro de lo que intentaba hacer, entonces se olvidaba de la hora y llegaba tarde a casa para cenar”.

Vayamos a la mañana siguiente: Le Corbusier despertaba sagradamente a las 06 a.m. para ejercitar y pintar cuadros. A las 08 a.m. desayunaba y luego se enfocaba en sus dibujos arquitectónicos y urbanísticos para transmitirlos durante la tarde en su atelier parisino. “Es un error asumir que estaba dedicando este tiempo [en la mañana] a la conceptualización de formas que aplicaba directamente en sus proyectos”, aclaraba el arquitecto polaco, defendiendo que esto “era para él un periodo de concentración durante el cual su imaginación, catalizada por la actividad de pintar, podía sondear profundamente en su propio subconsciente”. No obstante, como sabemos, la inspiración arriba al papel y a nuestras palabras cuando menos se le espera, y cada uno maneja sus propias técnicas para invocarla. Por ejemplo, Bernard Tschumi reconoció años atrás al New York Times que trabaja mejor bajo presión “o bien, vaciando mi cerebro durante el fin de semana. Ese estado en blanco es útil. Es como un atleta antes de una competición”.

Un día de sesenta horas

Coincidentemente, los arquitectos presentes en Daily Rituals comparten el gusto, necesidad u obsesión de despertar al alba, como el italiano Gio Ponti (1891-1979), de quien dice su hija, Lisa, que se levantaba a las 5 a.m. para escribir “treinta carta a amigos y colaboradores contándoles que había decidido cambiar esto o ese detalle del proyecto”. Sus rutinas eran tan extenuantes que se jactaba de resumir su vida en este rosario de cifras: sesenta años de trabajo, obras construidas en trece países, veinticinco años de clases universitarias, artículos en las primeras 156 ediciones de su revista (Domus), diseños industriales para 120 empresas y mil dibujos arquitectónicos. Esta colosal producción hace creer a Lisa Ponti que su padre estrujaba 60 horas de trabajo en un día común y corriente.

Cruzando el Atlántico, en una entrevista al The New York Times Magazine, la célebre dupla Venturi y Scott Brown comentó que ambos despertaban a las 5 a.m. para ver televisión y organizar las notas dejadas la noche anterior. Mientras que Peter Eisenman ha confesado, como recoge Daily Rituals, que su “mejor hora para pensar y leer es entre 5.30 a.m. y 7 a.m.”, y Daniel Libeskind ejercita una hora a las 6 a.m., para luego beber una taza de café y escuchar música clásica, mientras que a la noche, alrededor de las 10 p.m., se reúne con su familia a “comer, relajarse y hablar sobre otras cosas que [no fueran] trabajo”.

“Sólo quiero decirle una palabra, una nada más: café”

Esta bebida, amiga tanto de oficinistas, artistas como de escritores, pero verdadera amante del arquitecto(a), es también el elíxir de varias mentes inspiradoras, quienes lo ingieren sin la moderación que cualquier persona consideraría (o creer considerar). Señala Mason Currey en su blog que la cafeína, como es de suponer, “es una rara droga que tiene poderosos efectos: ayuda a enfocarse, ahuyenta la somnolencia y acelera la velocidad de acción en las nuevas ideas”.

Si bien entre arquitectas y arquitectos el café es muy popular, el blog estadounidense no registra rutinas altamente dependientes de la cafeína entre colegas destacados, como la del novelista francés Honoré de Balzac (1799-1850, “La comedia humana”), quien despertaba a la 01 a.m. para sentarse y escribir siete horas seguidas. A las 8 a.m. -cuando Eisenman y Libeskind siglos más tarde a esa misma hora estarían camino a la oficina- Balzac se permitía una siesta de hora y media, para luego volver a trabajar de 9.30 a.m. a 4 p.m., bebiendo una taza de café tras otra, en una autodestructiva secuencia de 50 tazas diarias. Una cuestionable costumbre que le pasaría la cuenta más temprano que tarde a los 51 años cuando un ataque cardiaco lo mató.

¿Mejor una taza de té? La siesta de Frank Lloyd Wright y el plan perfecto de Fuller

La tradición de la siesta, arrancada de cuajo en las grandes ciudades por congelar la jornada laboral, limitar el potencial consumo y aparentemente entorpecer el rendimiento de las empresas, fue aprovechada y reformulada (era qué no) por los arquitectos de antaño: Frank Lloyd Wright, madrugador por excelencia, se levantaba a las 4 a.m. para trabajar tres horas y luego dormir una siesta. Comodín al que volvía a recurrir durante la tarde, aunque fuera en una “banca de madera o una repisa de hormigón”, según Daily Rituals.

Mas la idea de la siesta como transición entre las dos mitades del día no fue aprovechada por algunos arquitectos para vivir mejor, sino para extender sus jornadas laborales, -o en casos más dramáticos- para erradicar eso de dormir de noche tantas horas seguidas. Según Currey, en la época como profesor en la Universidad de Pennsylvania, Louis I. Kahn dormitaba al atardecer regresando de sus clases, para “iniciar un nuevo día de trabajo” a las 10.30 p.m. en su oficina. ¿Y si atacaba el sueño? Dormía en una banca y luego volvía a trabajar.

Buckminster Fuller, creador de la Casa Dymaxion y los domos geodésicos, llevó al extremo el uso de la siesta en los años treinta: determinó “que los patrones humanos de sueño no eran prácticos para la vida moderna”. Según Fuller, si se forzaba a dormir menos, podía trabajar mucho más (un ferviente deseo para muchos colegas en la actualidad): por cada seis horas de trabajo, dormía media hora. Lo curioso es que la técnica efectivamente resultó, hasta que su esposa se quejó por la nula compatibilidad con los horarios familiares. Claro, el factor afectivo que muchos dejan de lado.

A final de cuentas -por más descabelladas o sensatas que resulten algunas rutinas- hay algo que comparten las jornadas de las 161 mujeres y hombres catastrados por Daily Rituals: todos estructuran sus rutinas en función de sus necesidades espirituales (dar una caminata, leer, ejercitar); sociales (responder cartas, conversar con amigos, cenar con la familia) o laborales (escribir, proyectar, pintar, corregir). En la medida de lo posible, todos ellos arman sus horarios en pos de realizar el mejor trabajo posible, por la pasión que finalmente los empuja a levantarse de madrugada como a Eisenman o a pintar como Le Corbusier para buscar la inspiración, esa musa tan caprichosa y antojadiza entre los arquitectos.

Porque sí, la inspiración existe, pero como dice Picasso, tiene que encontrarte trabajando.

Cita: Valencia, Nicolás. "Comer, pensar y proyectar: la rutina de los principales arquitectos", 02 May 2014. Plataforma Arquitectura. Accesado el 02 May 2014.

sábado, 14 de diciembre de 2013

El urbanismo de Nelson Mandela


Por:    Yavar, Javiera. "¿Cuál será el legado de Mandela en términos de espacio?" 10 Dec 2013. Plataforma Arquitectura. Accesado el 14 Dec 2013.

Representación del Estadio Greenpoint. Imagen cortesía de http://bensnewgreenpointstadium.webs.com/

Desde la ventana de un avión se vuelve demasiado claro que el apartheid ha sido profundamente escrito en el paisaje sudafricano. Incluso el pueblo más pequeño aparece como dos pueblos distintos. Uno cuenta con una amplia red de calles arboladas y casas cómodas rodeadas de césped. El otro, su gemelo marchito que se ubica a cierta distancia pero conectado por una carretera muy transitada, consiste en una cuadrícula mucho más estricta de caminos de tierra rodeados por chozas. Los árboles son una rareza, el césped inexistente. Este patrón de duplicación aparece sin importar el tamaño de la población: aquí, la ciudad blanca; allá, el barrio negro. – Lisa Findley,“ Red & Gold: A Tale of Two Apartheid Museums.”
 
Existen pocos sistemas de gobierno que confiaron tanto en las delimitaciones del espacio que el gobierno del Apartheid de Sudáfrica (1948-1994). Manejando agresivamente las teorías de la modernidad y la superioridad racial, los planificadores urbanos de Sudáfrica no sólo impusieron el apartheid, sino que se incrustaron en cada ciudad – convirtiéndola en una experiencia cotidiana degradante para los ciudadanos marginados de Sudáfrica.
 
Cuando Nelson Mandela y su partido, el Congreso Nacional Africano, fueron elegidos democráticamente al poder en 1994, reconocieron que una de las maneras más importantes de disminuir el legado del Apartheid sería espacial: la integración de los pueblos blancos y las poblaciones negras, y revivir aquel “gemelo marchito”.
 
Al recordar a Mandela – sin duda el hombre más importante de la historia de Sudáfrica – y ponderar su legado, también debemos considerar también su legado espacial. Es en las dimensiones físicas y espaciales de los pueblos y ciudades de Sudáfrica que realmente podemos ver la resistencia del Apartheid, y poder darnos cuenta en qué medida las palabras de Mandela en torno a una reconciliación e integración justa, se han llevado a cabo.

Apartheid: un territorio general


El edificio de la Unión en Pretoria, Sudáfrica. Imagen cortesía de Wikimedia Commons User Davinci77

Cada sociedad produce estructuras monumentales que conmemoran y encapsulan sus ideales;
 
Sudáfrica bajo el apartheid no fue la excepción. Como Lisa Findley y Liz OGBU señalan en su artículo “Desde el municipio a la ciudad”, tanto el diseño del Edificio de la Unión en Pretoria, la sede oficial del gobierno, como el Monumento Voortrekker, que conmemora la lucha de los “pioneros” Afrikaans, ambos validaban y glorificaban la minoría blanca.
 
Pero no hay mayor monumento al Apartheid que las propias ciudades sudafricanas.
 
La tradición de “distanciamiento”, comenzó mucho antes de que el sistema de apartheid fuese institucionalizado y legitimado. Lo que hizo Apartheid fue entregar finalmente a los funcionarios del gobierno el mandato que necesitaban para darle forma a las ciudades sudafricanas de una manera que beneficiara a la minoría blanca y apaciguara a la mayoría negra. (Aunque, por supuesto, ellos nunca lo explicitaron de esta manera. En 1950, el ministro del Interior, Dr. TE Tönges, justificó la separación de las razas en términos médicos: “Los puntos de contacto producen invariablemente la fricción y la fricción genera calor y puede llevar a una conflagración. Es nuestro deber, por tanto, reducir estos puntos de contacto al mínimo absoluto que la opinión pública esté dispuesta a aceptar”.
 
Por lo tanto, el objetivo, en primer lugar, era poner a los negros (a través de la eliminación ejecutoria o a través de la aplicación estricta de las leyes “Pass”) en sus propias áreas residenciales o municipios. Estos municipios, a menudo ubicados lo más lejos posible del distrito central de negocios de la ciudad (CBD), fueron mantenidos separados mediante el uso de barreras naturales y artificiales, tales como ferrocarriles, carreteras, o corredores de espacios abiertos (no-man’s-lands).


Ejemplo de zonificación bajo el Apartheid. Imágen © David Kay

Sin embargo, el “por qué” de la separación aún no prescribió el “cómo” de su diseño. Para ello, los planificadores del Apartheid se volvieron hacia el Modernismo.

Apartheid: El experimento modernista


Le Corbusier’s Ville Radieuse, que fue estrictamente dividido en zonas. Imagen cortesía de land8.com

Inspirado por los escritos como los de Le Corbusier en 1922 – Ville Contemporaine, del cual se esbozó el concepto de vivienda para los trabajadores temporales, así como de Ebenezer Howard – Garden Cities, los planificadores del Apartheid se basaron en gran medida en los modelos modernistas existentes de los suburbios. Según el autor, David Kay, ellos creían que mediante el uso de estos principios modernistas, en realidad podrían moldear la población nativa a su imagen:
“… ‘Toda referencia a los modos de vida anteriores, a la historia, al lugar sedimentado de la memoria, y la sociabilidad había sido eliminada’. Este fue el intento de apartheid del Estado para moldear y reformar la sociedad africana en una subclase más moderna, ordenada en espacios que fueron esterilizados de todos los restos de culturas antiguas y creencias africanas”.
 
Por supuesto, este impulso “moral” tenía muy poco que ver con el resultado físico. Mientras que los pueblos blancos fueron diseñados como perfectas ciudades jardín, en los que se podía sacar provecho de los espaciosos y frondosos beneficios de los suburbios, los pueblos negros acarreaban todos los problemas. En lugar de casas suburbanas con amplios patios, a los negros se les entregó pequeñas e idénticas “cajitas de fósforos”. Y, gracias a su ubicación física y un sistema de transporte público insuficiente, los residentes negros fueron casi siempre estuvieron a horas de distancia del centro de la ciudad (donde, por supuesto, existían los únicos puestos de trabajo).
 
Y esta es la razón por la cual el Apartheid, “uno de los más ineficientes y distorsionados” sistemas de expansión que se haya diseñado, continúa afectando a las comunidades negras hoy. Aunque muchos negros de clase media se mudaron a los suburbios que antiguamente sólo eran ocupados por blancos – de hecho, esta fue la el mayor cambio de ubicación posterior al apartheid – la mayoría de los residentes del poblado no lo hicieron.
 
Hasta el día de hoy, los poblados, a pesar de ser comunidades vibrantes en sí mismas, carecen de la diversidad comercial de los centros urbanos. Annemarie Loots, en el “Marco Integrado Territorial Soweto”, señala que en el municipio de Soweto, que ocupa sólo el 10% del área metropolitana de Johannesburgo, pero contiene aproximadamente 40% de su población, el 70% de los residentes empleados trabajan  fuera del municipio, y sólo el 26% de las compras al por menor se realizan en el propio municipio.
 
Ocupación y Revelación del Apartheid
 
No debería ser ninguna sorpresa entonces, que a medida que el movimiento anti-apartheid se intensificó, los ciudadanos negros comenzaron a reclamar el espacio que se les había negado.
En la década de 1960, los primeros días de la resistencia, el ANC se centró en sabotear potentes, símbolos construidos de dominación Afrikaans, como edificios gubernamentales y centros cívicos. Sin embargo, con el tiempo, la resistencia tomó la forma de ocupación a medida que los sudafricanos negros empezaron a formar grandes asentamientos informales sobre la tierra vacía que rodeaba las principales zonas urbanas. A mediados de la década de 1980, miles de negros se encontraban en las zonas de “sólo blancos”, y el gobierno del Apartheid no podía imponer su política de separación. En 1986 las Leyes Pass fueron abandonadas, y, en 1991, la Ley de Áreas de Grupo (haciendo legal la separación de negros y blancos) se hicieron efectivas.
 
Y así, cuando el Presidente Nelson Mandela fue elegido democráticamente en 1994, él y el ANC intentaron corregir los errores que el apartheid había cometido.
 
Lo que ocupó el primer lugar en el programa fue proporcionar vivienda como un derecho humano para todos los sudafricanos. Por lo tanto, el Programa de Reconstrucción y Desarrollo (RDP), supuestamente destinado a promover la integración social y el crecimiento económico, se llevó en primer lugar la tarea de la construcción de viviendas. Se construyeron cerca de 350.000 casas al año.


RDP Viviendas en Soweto (RDP representa Programa de Reconstrucción y Desarrollo del gobierno). Imagen © Flickr CC User Ign11
 
Por desgracia, la necesidad de tierras baratas para la construcción de estas viviendas se tradujo en la construcción de barrios alejados del centro de la ciudad, sin las infraestructuras empresariales y de transporte suficientes para apoyarlos. Aunque el gobierno afirmaba que sus esfuerzos buscarían convertir “el desarrollo y uso de la tierra en pueblos y ciudades compactas e integradas para corregir la fragmentación histórica y [...] localizar a los ciudadanos desfavorecidos para acercarlos a las oportunidades sociales y económicas”, el resultado sólo exacerbó la expansión desigual pre-existente.
 
A pesar de sus buenas intenciones y buena estrategia urbana, el gobierno post-apartheid carecía de la astucia y la bravura de sus predecesores modernistas, que a través del diseño lograron abarcarlo todo. De hecho, el apartheid caló tan profundo en el tejido urbano de las ciudades de Sudáfrica que hasta el día de hoy, obtener mejoras no resultan una tarea fácil.
Caso en cuestión: la Copa del Mundo de 2010.

Un cuento de dos estadios


Representación del Estadio Greenpoint. Imágen cortesía de http://bensnewgreenpointstadium.webs.com/
 
La imagen icónica de la Copa Mundial del 2010, el más reciente momento de Sudáfrica en el centro de atención, podría ser la imagen aérea del estadio Green Point, con su impresionante ubicación junto al mar y vistas privilegiadas a la montaña Table. Sin embargo, pocos conocen la historia detrás de su selección, ni el significado de elección como país.
Antes de que el Green Point fuese elegido para ser el emblemático estadio de Sudáfrica, otro había sido enlistado para tener el honor: el Athlone, situado en el histórico y colorido barrio de clase obrera del mismo nombre. Las autoridades municipales esperaban que la Copa Mundial fuera el puntapié inicial en el necesario desarrollo de la zona, así como también el fin de la pobreza del municipio de Khayelitsha y sus asentamientos informales a lo largo de la autopista N2. En una carta a la FIFA, un funcionario escribió:
 
“La provincia y la Ciudad del Cabo han sentido siempre que el desarrollo de un estadio de fútbol dedicado en Athlone dejará un legado duradero para las generaciones venideras. Además, la construcción del estadio nos permitirá aprovechar el transporte necesario y otros desarrollos socio-económicos en los alrededores … Estamos expresando una fuerte preferencia en este sentido”.
Gert Bam, director de la ciudad del deporte y la recreación, se sintió de manera similar: “La razón por la que elegimos el Estadio Athlon, no tiene que ver únicamente con el fútbol, sino por el cambio que provocará en la ciudad”.


Estadio Athlone. Imagen cortesía de thepolisblog.org

Por desgracia, no se podía negar que a Athlone le faltaba un cierto atractivo turístico. Tal como un bloggero lo expresó: “Athlone está rodeado de campos abiertos, fábricas y proyectos de vivienda. Y un poco de alambre de púas. No logro imaginar a los turistas acudiendo allí a las 20.30 hrs. para ver comenzar un partido.” A medida que pasaba el tiempo, la FIFA presionó a las autoridades municipales a considerar la construcción de un estadio en algún sector de clase media alta, como un barrio blanco cerca de la atractiva V&A Waterfront. La FIFA sugirió que el Estadio Green Point podría atraer a los visitantes y establecer a la Ciudad del Cabo como un destino de clase mundial para los grandes eventos, el turismo y la inversión.
 
Sabemos que cara escogió finalmente Sudáfrica para mostrarse al mundo.
Entonces, volviendo a mi pregunta inicial: ¿hasta qué punto realmente se ha dado forma a las palabras de Mandela de reconciliación e integración justa?

Renaciendo de las cenizas


El Tribunal Constitucional de Sudáfrica, por Soluciones Urbanas y Taller de Diseño OMM. Imáge © Flickr CC User fromagie
 
En 1997, el Departamento de Obras Públicas de Sudáfrica celebró un concurso para diseñar la primera gran estructura de gobierno post-apartheid, el nuevo edificio de la Corte Constitucional.
 
Cuando se anunció el ganador, Mandela pronunció estas palabras:
“El edificio de la Corte Constitucional se destaca como un faro de luz, un símbolo de esperanza y celebración. La transformación de un icono famoso por la represión a su opuesto, aliviará los recuerdos del sufrimiento infligido en rincones oscuros, celdas y pasillos de la prisión Old Fort. Renacer de las cenizas de aquella época espantosa, brillará como una promesa para todos los nuevos tiempos de Sudáfrica, donde nunca volveremos a este abismo. Permanecerá como una afirmación de que Sudáfrica es sin duda un mejor lugar para todos “.
 
La Copa Mundial, que fue apoyada con entusiasmo por Mandela, se suponía que debía ser una instancia en la que el tiempo de la ciudad, la atención y los recursos se dirigieran hacia el rediseño de la ciudad para enderazar los entuertos del Apartheid. Al igual que el edificio de la Corte Constitucional, el estadio principal podría haber sido un poderoso símbolo, que se levanta de los restos del Apartheid, que renace de las cenizas. Pero en lugar de un monumento que celebra una nación superando su pasado, Sudáfrica recibió un monumento al status quo.
 
Hasta que las palabras de Mandela, flotando en el éter, toquen suelo, y sean capaces de motivar una nueva forma fuera para las ciudades de Sudáfrica, insitando el crecimiento de nuevos y significativos iconos para crecer, nunca veremos esta retórica hecha realidad. Sólo entonces, cuando Sudáfrica realmente sea “un lugar mejor para todos”, se cumplirá el legado de Mandela.
 
Vanessa Quirk es gestor de contenidos editoriales en ArchDaily, donde escribe acerca de la arquitectura, el diseño y la planificación urbana. Te puedes conectar con ella en LinkedIn o seguirla en twitter @vmquirk.

El municipio de Soweto. imagen © Vanessa Quirk

Fuentes de referencia
Brümmer, Stefaans and Karen Schoonbee.Public loss, FIFA’s gain: How Cape Town got its ‘white elephant’”
Findley, Lisa. “Red & Gold: A Tale of Two Apartheid Museums
Findley, Lisa and Liz Ogbu. “South Africa: From Township to Town”
Kay, David. “South African City Planning in a Post Apartheid Era

lunes, 9 de diciembre de 2013

Los Errores de los "Star Architects"

Por: Anatxu Zabalbeascoa. Diario El País. Cultura. "¿Por qué fallan los edificios-estrella?"Madrid. 23 de noviembre de 2013

(http://cultura.elpais.com/cultura/2013/11/23/actualidad/1385237243_502065.html)

Hace dos meses, un grupo de periodistas se reunió en un café de la City londinense. En una acera, frente a Fenchurch Street, dejaron una sartén con un huevo y esperaron a que se friera. Era una apuesta ganadora. Estaban junto a una fachada ideada por el uruguayo Rafael Viñoly que, días antes, había reflejado los rayos solares que deformaron la carrocería de un coche aparcado. El arquitecto y la empresa constructora admitieron el error sin llegar a aclararlo. Afincado en Nueva York, el autor del flamante aeropuerto Carrasco de Montevideo se excusó en la burocracia de subconsultoras que rige la construcción británica. Sin embargo, no era la primera vez que tenía problemas. En Las Vegas, su hotel Vdara solucionó otro exceso de calentamiento con una capa antirreflectante. Y el arquitecto, apelando al cambio climático.

Sea por el calentamiento global, por el exceso de riesgos asumidos o por el número de encargos que acumulan algunos arquitectos, los problemas sacuden a buena parte de los proyectistas estrella. Hablamos de problemas, no de desastres. Estos últimos se producen cuando pierde la vida una persona —en ocasiones decenas de ellas— y suelen tener detrás más codicia que incompetencia. Con todo, en una profesión todavía altamente artesanal, pocos edificios se libran de polémicas que cuestionan la naturaleza funcional de la arquitectura.

Hace tres años el Massachusetts Institute of Technology anunció en el periódico editado por sus estudiantes, The Tech, que había retirado la denuncia contra el autor del Guggenheim de Bilbao. A Frank Gehry le pedían los casi 1,5 millones de euros que se habían gastado reparando el Stata Center, un laboratorio terminado en 2004. A las goteras se habían sumado grietas y moho en las fachadas. Aunque Gehry describió su proyecto como “dos robots borrachos de juerga” la universidad no se quejaba de esas formas, acusaba al arquitecto de negligencia. Él repuso que “los problemas constructivos son inevitables en el diseño de espacios complejos”.

Algo de esa afirmación —que evidentemente ni soluciona ni justifica nada— es cierto. Y abre otra pregunta. ¿Hasta dónde merece la pena arriesgar? En arquitectura se arriesga para conseguir una nueva tipología, para lograr formas inesperadas o ensayar nuevos materiales. Aunque la historia del siglo XX está salpicada de fracasos del primer grupo (sobre todo en vivienda social), son las formas sorprendentes y los materiales innovadores los que concentran más problemas. El propio Gehry se vio obligado a lijar la fachada de su Auditorio Disney en Los Ángeles cuando, en 2004, y como los de Viñoly, ese edificio provocó el calentamiento de los inmuebles del vecindario.

El sol y el agua están detrás de muchos de los problemas de los arquitectos. En Dallas, lo que había sido considerado como un gran logro arquitectónico, el Nasher Center —una galería privada que expone, bajo luz natural, obras de Rodin— firmado por Renzo Piano y Peter Walker también peligra por el rayo, fulminante, que rebota desde la fachada de vidrio de la vecina Museum Tower. Este rascacielos con el nombre del inmueble que está destrozando nació, precisamente, para aprovechar el rédito comercial del nuevo “distrito de las artes”. La fachada ya ha quemado varias plantas del jardín que corona la azotea de la galería y amenaza ahora sus contenidos.

¿Qué sucede cuando instituciones culturales se convierten en el motor de otros negocios? El caso de Dallas demuestra que se exponen a los mismos riesgos que las propias finanzas.

Entre las estrellas españolas, las incidencias de Rafael Moneo tienen que ver con el agua. Aunque han pasado diez años desde que entregó la embajada española en Washington, hace unos días recibió una notificación del Ministerio de Asuntos Exteriores exigiéndole dos millones de euros. Moneo ha interpuesto un recurso contra el Ministerio. “Esta reclamación no deja de sorprenderme cuando el Estado, por razones que desconozco, renunció a exigir nada al constructor”, explica. No cree ser responsable de lo que le imputan ya que “los problemas fueron con el constructor y acabaron resolviéndose por el Estado en un proceso de mediación”.

El único Pritzker español considera su trabajo en Washington “una obra de arquitectura tradicional —o si quieres convencional— ideada a partir de las directrices de la propiedad y empleando materiales de nuestro país (ladrillo, persianas y azulejos)”. Y explica que el proyecto no planteaba dificultades y, por lo tanto, no debía dar sorpresas. Sin embargo, cuando estas aparecieron en forma de filtraciones en los adoquines de las terrazas —“que no se han comportado como anticipaban los certificados”—, el estudio ofreció al Ministerio “informes, visitas con expertos y hasta proyectos para rehacer las terrazas. En ello estábamos cuando recibimos la reclamación”.

“Hay momentos en que los arquitectos corren riesgos proponiendo sistemas constructivos desconocidos o alternativas formales complejas. No era el caso de la residencia del embajador en Washington”, insiste Moneo. Así, no solo el riesgo reporta problemas en arquitectura. Y, en ocasiones, ni siquiera sirve la experiencia.

Aunque Viñoly ha declarado que sus problemas en Londres no son atribuibles a que no corrigiera el error previo en Las Vegas, llama la atención que las calamidades se repitan en los trabajos de proyectistas como Santiago Calatrava. A los resbalones en la pasarela Zubi-Zuri —que cruza la ría de Bilbao— se sumaron los de la de Vistabella, en Murcia, y las reclamaciones que acumula su más reciente puente sobre el gran canal veneciano. Los tres proyectos tienen un pavimento común de losetas de vidrio que resbalan al humedecerse y se rompen con frecuencia.

 
De Calatrava se dice entre bromas que concentra más denuncias que premios. Lo curioso es que, con frecuencia, es él quien comienza el pleito. Sucedió en Oviedo, por ejemplo, donde pidió a la empresa promotora Jovellanos XXI un pago de 7,28 millones de euros por las obras del Palacio de Congresos. La firma contestó solicitando indemnizaciones por valor de 10,55 millones. ¿La razón? Sumaron lo que el seguro no cubrió tras romperse un encofrado y la falta de movilidad de la cubierta que, tras una inversión de 6,95 millones de euros, quedó estática. Así, a pesar de que el arquitecto reclamara, el pasado verano el juez dictaminó que sea él quien abone 3,27 millones de euros a la empresa promotora.

La mayoría de los proyectistas intentan evitar los juzgados. Norman Foster, más que ningún otro, ha hecho de la perfección constructiva su baza como arquitecto. Y sabe que una retirada a tiempo es una victoria. La última sucedió en agosto, cuando el arquitecto municipal de Moscú, Sergei Kuznetsov, declaró que Foster debía trabajar “personalmente” en la ampliación del Museo Pushkin (presupuestada en 475 millones de euros) y amenazó con organizar otro concurso si el trato no era “cara a cara” y no —como sucede con tantos arquitectos estrella— a través de sus subordinados.
Tras las críticas de Kuznetsov Lord Foster reveló que él ya se había adelantado enviando, el 5 de junio, su carta de dimisión. La BBC citó las razones: a pesar de su esfuerzo por trabajar y colaborar, profesionales rusos estaban desarrollando su proyecto.

Más allá de las goteras y los reflejos, los préstamos no autorizados amenazan con convertirse en las mayores trabas de los arquitectos estrella. Y la solución en un juzgado no es, en muchas ocasiones, una vía posible. Así, ni Zaha Hadid ni su cliente irán a juicio en China. Y eso que su caso raya el surrealismo. Cuando el año que viene se inauguren los tres edificios curvos que componen el Wangjing Soho de Pekín, el proyecto tendrá una copia idéntica en Chongqing a 1.500 kilómetros. Preguntada por este periódico, Hadid argumenta: “Nuestro cliente opina que denunciar le daría al otro proyecto mayor publicidad. Por eso abandonamos el caso”.

Con todo, el proyecto pirata se está construyendo más deprisa y anuncia su inauguración para este año. “La réplica y la repetición de los edificios del siglo pasado pueden superarse con inmuebles que se integren en las comunidades”, dice la arquitecta, cuyos sinuosos diseños parecen pertenecer más a la marca Hadid que a ningún lugar concreto. Alega que es la conexión con el lugar lo que se pierde al pasar de la globalización a la banalización de la arquitectura. Sin embargo, tal vez porque la tradición arquitectónica china ponía más énfasis en preservar la manera de hacer las cosas que las cosas en sí, ese país no tiene leyes que protejan los derechos de autor arquitectónicos. Así, el promotor de la obra pirata declaró a la revista Der Spiegel que no quiso copiar el edificio de Hadid: “Solo quise superarlo”.

Curso Intensivo sobre la Arquitectura de la Actualidad


Por: Merete Ahnfeldt – Mollerup
Profesor asociado de la Real Academia Danesa de Bellas Artes.
 
Cita: Merete Ahnfeldt-Mollerup. "Curso intensivo sobre la arquitectura moderna (Parte 1)" 22 Nov 2013. Plataforma Arquitectura. Accesado el 10 Dec 2013. http://www.plataformaarquitectura.cl/?p=311597; Gutiérrez, Catalina. "Curso intensivo sobre la arquitectura moderna (Parte 2)" 29 Nov 2013. Plataforma Arquitectura. Accesado el 10 Dec 2013. http://www.plataformaarquitectura.cl/?p=312986  Este artículo apareció originalmente en GRASP.
 
Pabellón de Barcelona, ahora un ícono de la arquitectura pero desapercibido al principio. Imagen © Flickr User CC Wotjek Gurak
 
Aquí es donde hay que citar a William Gibson: ” El futuro ya está aquí – sólo que no está muy distribuido.”
 
Dentro de la arquitectura (y el diseño y la planificación), siempre hay varias realidades simultáneas. Una razón muy pragmática es que la arquitectura es una forma muy lenta de comunicación: puede tardar varias décadas desde el momento que surge un concepto en algún lugar para el punto en que se convierte en conocimiento común dentro de la industria , y aún más tiempo hasta que llegue al público general.
 
Sólo es cosa de revisar el “Movimiento Moderno” en la arquitectura. Básicamente, sus teorías y el lenguaje formal estaban completamente desarrollados a partir de 1919 hasta 1924. Y cuando leemos los libros de historia, tenemos esta versión distorsionada de que los grandes pioneros modernistas sólo fueron detenidos por las dictaduras del mal en la Unión Soviética y Alemania. Esto es lo más lejano posible de la realidad de la época.
 
Plaza de Copenhagen, ahora considerada moderna y modernista. Imagen coretesía de Wikimedia Commons User Karri Huhtanen
 
Una vez tuve esa maravillosa edición antigua de National Geographic (febrero 1932 ), donde la plaza del ayuntamiento de Copenhague se describía como “moderna y modernista” – esta fue la percepción del público general sobre la modernidad en ese momento, no las villas de Mies van der Rohe.
Nadie se fijó en el Pabellón de Barcelona, que hoy es visto como uno de los iconos del movimiento. Y el verdadero avance público de la arquitectura moderna se produjo en las afueras del mundo culto, como se vio luego en los países escandinavos, los Países Bajos, Checoslovaquia y zonas remotas de España e Italia. No fue en París, Berlín, Moscú, a pesar de que era en éstas ciudades donde nacieron las ideas, y no en Nueva York o Londres, que eran los centros de la modernidad del siglo 20 en términos de economía y de la industria.
 
Así que lo que tenemos ahora es una situación en la que, en algunos lugares, la noción de “starchitect ” y la arquitectura como un objeto atractivo, está todavía al frente y al centro. Mientras que en otros lugares, hay un interés por una arquitectura más basada en el conocimiento. En medio de esto, tenemos algunos grandes estudios de renombre que se encuentran navegando entre esas dos posiciones, y son capaces de ser glamorosos cuando se necesita y cerebral cuando el cliente u otros aspectos de la situación lo piden.
 
Sin embargo, al final del día, una sociedad impulsada por el consumo siempre buscará algo nuevo, y ahora mismo, lo nuevo es lo que Naoto Fusakawa y Jasper Morrison llaman “Super Normal“. Arquitectura y diseño que da un paso atrás y deja espacio para las personas que lo usan.
Arriba he utilizado la frase “arquitectura basada en el conocimiento”, y tal vez esto parece un poco extraño, ya que por definición, la arquitectura siempre se trata de la combinación de una gran cantidad de conocimientos. El conocimiento de la tecnología, conocimiento de la economía, conocimiento de la estética y de los asuntos sociales. Sin embargo, cuando la arquitectura está muy centrada en la forma exterior del objeto arquitectónico, y menos en las otras dimensiones, al final habrá una pérdida de percepción de su valor para el usuario final. Cosas tan simples como cualidades materiales – mal suelo o calefacción disfuncional, o cosas más complejas como espacios incómodos, espacios públicos que invitan a la delincuencia o edificios públicos que sobrepasan el presupuesto y no cumplen con su propósito declarado.
 
Esto no significa necesariamente que sea mala arquitectura. Sólo quiere decir que algunas cosas se construyen con fines distintos a la utilidad y la sostenibilidad a largo plazo. Y esos propósitos no pueden ser conocidos o acordados por el usuario final.
 
El Museo Guggenheim de Bilbao que ha dado nombre al ‘Bilbao effect’. Imagen © Peter Knaup
 
Desde 1997 en adelante, el “efecto Bilbao” fue un eslogan popular entre los políticos, desarrolladores y arquitectos por igual. La idea era que al colocar un enorme y dramático objeto en el puerto de Bilbao, Frank Gehry y la Fundación Guggenheim hizo esa ciudad atractiva para la llamada industria del conocimiento, así como para los turistas. La premisa básica es errónea – Bilbao consiguió el museo porque ya habían iniciado una estrategia de renovación urbana impresionante, que estaba en construcción – pero todo el mundo, las ciudades y las comunidades se centran en la arquitectura declaratoria como un elemento de propaganda de la ciudad, a menudo directamente en contra de los deseos y necesidades de sus ciudadanos y de la comunidad de arquitectos. Hacer una forma se convirtió en el centro del trabajo de diseño, con increíbles habilidades de representación. Oficinas como Frank Gehry, Zaha Hadid y Herzog & de Meuron también desarrollaron una sólida comprensión de las posibilidades de diseño de la construcción digital, pero en muchos casos los arquitectos dejaron de lado el proceso de construcción real y se lo dejaron a los ingenieros y contratistas, con tristes resultados. Lo que es probablemente peor es que no había ningún interés en la experiencia del usuario, además de la conmoción inicial de lo “nuevo” .
 
Después de la crisis económica, todo esto cambió . La idea de que una ciudad podía sostenerse sólo en la creatividad, sin producción y una infraestructura limitada, tuvo una muerte súbita. Aunque no fue sólo sobre el accidente. Los planificadores Olímpicos de Beijing tomaron indiferencia de la población hacia nuevas alturas , y en mi experiencia, incluso las personas que admiran la arquitectura de declaración, expresan una sensación de malestar. Con todo, hubo una mayor comprensión de parte de los políticos de que que una declaración (o varias) no puede llevar a toda una ciudad – debe haber un esfuerzo de planificación y muchas veces, este esfuerzo de planificación puede realizar el negocio completo por sí mismo. El ascenso a la fama de Gehl Architects es un claro indicador de ello. Su trabajo para la ciudad de Nueva York ha cambiado la imagen de la ciudad profundamente , incluso con una gran cantidad de arquitectura declaratoria nueva y antigua.
 
Hablando de la ciudad de Nueva York, el parque ” High Line” es un buen ejemplo del ideal actual de la arquitectura. En términos arquitectónicos, es casi invisible. ¿Dónde está el diseño allí? Los ferrocarriles ya estaban allí, y la jardinería toma su punto de partida en lo que es la auto-siembra. Sin embargo, hay una multitud de sutiles decisiones de diseño, creando acceso y sostenibilidad. Se trata de una arquitectura para conocedores, pero paradójicamente también uno para el público más amplio. Los arquitectos, Diller Scofidio + Renfro han sido parte de la elite de vanguardia desde hace décadas, y se han convertido en muy conocidos por la mayoría, incluso dentro de la arquitectura. Pero su trabajo es siempre interesante para el público en general, así como para la elite.
 
La arquitectura es inseparable de la planificación, y el gran desafío para la generación actual es el crecimiento y la contracción de las ciudades. Algunas ciudades, principalmente en el hemisferio sur, están creciendo a un ritmo exponencial, mientras que los antiguos centros mundiales en el norte se están convirtiendo en campiñas. En el sur, las poblaciones siguen creciendo mucho, mientras que en Europa, Rusia y el norte de Asia están disminuyendo. El sueño del efecto Bilbao se basa en la esperanza de que podría haber una solución rápida a estos dos problemas. Bueno, no lo hay.
Hace una década, pocas personas reconocían que esto era un problema real e incluso hoy en día es rara vez mencionado en un contexto político. Como político, no puedes decir en voz alta que te has rendido a una parte importante del electorado, o que haga sentido para la economía nacional favorecer a la otra parte. La recuperación de la parte agrícola de una nación es un asunto político suicida en Europa o en América Latina. Y la inversión en el desarrollo urbano en algunas áreas específicas mientras que otras áreas están desoladas, es igualmente despreciado.
La única persona que está pensando y escribiendo constantemente sobre este problema, es Rem Koolhaas, co -fundador de OMA.

 
Koolhaas es probablemente el teórico de la arquitectura más influyente de finales del siglo 20 – que aún está por verse si su influencia seguirá siendo tan fuerte en la era posterior a la crisis económica. En este contexto, lo importante es la frescura y la claridad de su análisis. Mientras que muchos de sus seguidores seleccionan los hechos que ellos utilizan para sus análisis, a veces uno tiene la impresión de que el propio Koolhaas tiene una obsesión intelectual con los hechos reales, incluso cuando van en contra de su teoría.
 
Los puntos teóricos de salida de Koolhaas eran las dos grandes ciudades de Nueva York y Berlín, que, en el momento (1970), se encontraban en diferentes pero similares estados de descomposición. En ese momento, no había ninguna esperanza a la vista ya sea para la ciudad en términos de economía o de crecimiento de la población, pero ambos eran centros intelectuales y artísticos a nivel mundial. Koolhaas, sin embargo, se dispuso a entender los fundamentos históricos de Manhattan como centro financiero del mundo en lugar de la (entonces) realidad de una ciudad disminuida y deprimida, y a partir de ese entendimiento desarrolló una teoría del sonido, la ciudad en expansión; desde entonces ha estado probando esta teoría en la teoría y la práctica, con varios fracasos en el camino.
 
Un elemento muy poderoso en la teoría de Koolhaas es el concepto de “complejidad del programa”. Desde principios del siglo 20 y en adelante, un principio fundamental de la arquitectura y la planificación ha sido el de la separación de los programas. En las ciudades tanto la industria, el gobierno, el comercio y la vivienda fueron separadas en zonas. En las casas, dormir, comer, relajarse, trabajar, cocinar, bañarse y jugar tienen habitaciones separadas. Soy lo suficientemente viejo para haber aprendido el diseño en estos términos. Si dibujas un dormitorio, puedes definir todas las propiedades esenciales, y por lo tanto la mejor colocación de la cama, la ventana, el armario y las puertas. Y así en adelante. El diseño se convierte en un rompecabezas de la ingeniería social.
Koolhaas critica la modernidad mostrando ejemplos de programación tosca y multi-intuitiva. Comer ostras con tus guantes de boxeo puestos. Bailar en un edificio de oficinas. Construir una ciudad exitosa donde la producción, la administración, la vida, la recreación y la creatividad coexisten en cada kilómetro cuadrado. Ignorando todas las ideas histórica/ Europeas sobre la ciudad.
En ese momento (1978), era imposible imaginar Nueva York como un ejemplo de una ciudad con éxito, ya que el consenso entonces era que las ciudades eran por definición no exitosas. Aún así, “Delirious New York” es un modelo de teoría de la arquitectura progresista.
 
CCTV Headquarters / OMA. Imagen © Iwan Baan.
 
Desde entonces Koolhaas y sus colaboradores han publicado una serie de obras importantes, expandiendo esta obra maestra inicial, y lidiando con la realidad post – 1989 de una economía en auge y estructuras sociales impredecibles. A lo largo de este cuerpo de trabajo hay un cierto sentido de depravación o nihilismo, similar a la obra de David Bowie, que es fascinante pero también alienante para mucha gente. Así que a pesar de que Koolhaas es un starchitect, él es un caso atípico en el campo, alguien que apunta hacia atrás y hacia delante y cuyos espectaculares proyectos son impulsados por capas muy complejas de conocimiento.
 
Como he dicho antes, estos son temas que son casi imposible de manejar políticamente. Uno podría sospechar que algo del nihilismo de OMA y su hermana AMO surge de tratar con políticos reales que necesitan redacciones creativas para realidades ineludibles. ¿Quién va a decir en voz alta que es posible que necesitemos la gentrificación de ciertas áreas? ¿O derribar pueblos que no son sostenibles? ¿O invitar inmigrantes porque la población está disminuyendo?
 
En este contexto, jóvenes estudios de arquitectura danés como Bjarke Ingels Group (BIG) representan un optimismo e interés en la escala y la percepción humana que no se encuentra en la tradición holandesa después de Koolhaas, o entre la élite internacional de starchitects como Gehry, Herzog & de Meuron o Foster. Especialmente fuera de Europa, la arquitectura danesa ha llegado a representar el sueño de un desarollo amigable de la urbanización, un país donde incluso la llamada “vivienda gueto” parece condominios de lujo construidos en abundantes parques, y la filosofía de BIG del “say yes” parece ser la promesa de que todo puede ser felizmente diseñado para todos. Será interesante ver cómo funciona este sistema en el futuro.
 
En Copenhague, entre jóvenes arquitectos y estudiantes de arquitectura, parece que hay una fuerte reacción contra lo que ellos llaman “Arquitectura holandesa”. Esto desconcierta a los estudiantes extranjeros que vienen a estudiar en el alma mater de Bjarke Ingels o trabajar como practicantes en BIG. Creo que la reacción hasta cierto punto tiene que ver con la realidad del negocio de la construcción aquí: la mayor parte del trabajo es en vivienda social y proyectos de infraestructura como hospitales, hogares de ancianos y el desarrollo del metro, o dentro del área de renovación y transformación, y en estos contextos, el optimismo programático y el descuido por los detalles que son característicos de BIG no son útiles. Alguien que muestra una cartera de diagramas y pictogramas felices no va a conseguir trabajo.
 
BIG es entre otros proyectos conocido por el Pabellón de Dinamarca en la Expo Shanghai. Imagen cortesía de BIG
 
Al mismo tiempo, existe una conciencia internacional de que la dirección antes mencionada del cambio urbano debe entenderse dentro del contexto del cambio climático y una economía menos expansiva, incluso en los países BRIC, lo cual es otra razón por la que el High Line es tan buen ejemplo de lo que vendrá. En la Bienal de Venecia de Arquitectura el año pasado, una de las exposiciones más poéticas e inspiradoras era el pabellón de Angola, hablando de un visionario proyecto de reverdecimiento para una gran zona de pobreza. El ganador del León de Oro fue otro proyecto de suburbios, un Café en una favela venezolana. El ganador del último Premio Mies van der Rohe (el premio europeo más prestigioso de la arquitectura) y una gran inspiración para los arquitectos jóvenes fue la renovación del Museo de Berlín de David Chipperfield.
 
Otra posición interesante, que parece estar cosechando un gran interés a nivel mundial, es la tendencia en la arquitectura japonesa hacia un minimalismo extremo, donde la tecnología de los edificios es llevada a los límites, y las nuevas tipologías edificatorias se inventan con el fin de subvertir los usos convencionales del espacio. SANAA en particular se establece como los nuevos anti- starchitects, literalmente invirtiendo el concepto de arquitectura declaratoria, con edificios extraños y suaves, que tienen menos experiencia con el ojo y la mente, y más a través del movimiento a través y alrededor de los espacios, mientras que interactúan con otras personas. Sus edificios europeos cuestionan todo el sistema de construcción de aquí, en formas que son útiles para todos los arquitectos. En Nueva York y en Japón, donde las ciudades costeras son densas tanto en población e información, su aireados y atractivos edificios parecen casi una nube o algo sobrenatural.
 
Por lo que parece, a partir de ahora nos dirigimos hacia una era de enfoques menos expresivos y menos programáticos de la arquitectura, donde los conocimientos de tecnología, sentidos humanos, percepción emocional y planificación con inclusión social son mas apreciados.

domingo, 17 de noviembre de 2013

La Influencia de la Arquitectura en la Recuperación del Paciente


Por: Arq. Augusto Guelli
 
El sistema de salud se encamina hacia un mercado cada vez más exigente, en el que se genera valor con mayor eficiencia y con la diferencia marcada por importantes ventajas competitivas. Esta exigencia, en un ambiente de fuerte presión de demanda, asociada a la alta competitividad y escasez de recursos, lleva a un continuo perfeccionamiento de los procesos de atención y, en consecuencia, del espacio físico, que debe responder con mayor eficiencia y productividad y optimización en el uso de los recursos, para garantizar los resultados económico-financieros y la propia sobrevivencia del sistema.
 
En este escenario, el recurso físico para la prestación de servicios de salud asume una gran importancia por su contribución al resultado de la recuperación y tratamiento de los pacientes. El espacio físico influye en el cuidado médico a partir de aspectos ergonómicos, que pueden facilitar o dificultar la actividad y el nivel de salud, fortaleciendo o debilitando al paciente y la causa misma de la enfermedad, al protegerlo o exponerlo a contagios e infecciones (1).
 
Un equipamiento de salud, debe por lo tanto atender a las necesidades técnicas y funcionales comprometidas en el cuidado integral de la salud. Además de esto, una necesidad que debe ser considerada en la búsqueda de la excelencia en la atención, y que recientemente ha cobrado gran relevancia, es el valor de la percepción subjetiva del espacio físico y su influencia sobre el paciente, el cuerpo profesional y los acompañantes o visitantes (2).
 
Este concepto, que es llamado "Healing Enviroment", propone la optimización del entorno del cuidado del paciente, no sólo como un ambiente que le proporcione satisfacción y posibilidad de control sobre el entorno inmediato, sino que también disponga de un sistema de soporte social, que incluye el apoyo a los pacientes, la recepción de información de parte del paciente y la comunicación adecuada de su situación médica e incluso la opción de recibir medicina alternativa (3).
 
La influencia positiva del espacio en la recuperación de los pacientes, según estudios publicados por el Center of Health Design, organización estadounidense enfocada a la investigación y promoción del "Healthcare Design", significa una mayor satisfacción del paciente y un mejor índice de calidad percibido por los usuarios. Junto con estos resultados, los estudios demuestran que esta influencia también puede reducir costos de tratamiento, disminuyendo el tiempo de permanencia, reduciendo el uso de medicamentos compensatorios, bajando los tiempos de trabajo de enfermería por paciente, aumentando el ánimo de los prestadores de servicio en torno al paciente y reduciendo los costos necesarios para entrenamiento y reclutamiento de personal debido a su mayor vínculo y compromiso con la institución (4). Estos estudios son realizados según la técnica de la medicina, basada en evidencias, que busca la comprobación científica de la efectividad e incluso la eficiencia de una intervención por medio de ensayos aleatorios, revisión sistemática de literatura y meta análisis.
 
A partir de estos estudios se promueve el desarrollo de una nueva ciencia llamada "Evidence Based Design". Para atender los objetivos del "Healing Environment", un estudio realizado en Inglaterra por la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Metropolitana de Manchester, recomienda que la arquitectura de los equipamientos de salud, cuando se enfoca a la percepción y necesidades de los pacientes debe, además de estar adecuada técnica y funcionalmente a la adecuada atención de la salud, proporcionar privacidad, soporte social, confort, opciones de control en el uso del espacio,acceso al ambiente externo, variedad de experiencias, accesibilidad y comunicación (5).
 
Estos principios arquitectónicos pueden explicarse con la siguiente selección de formas de aplicación en el Hospital São José de la Beneficência Portuguesa de São Paulo, recientemente construido. La primera aplicación es proyectar espacios que proporcionen privacidad, dignidad y compañía, permitiendo que los pacientes estén solos o con otras personas según su deseo, controlando el nivel de privacidad tanto alrededor de la cama del paciente como en las áreas de espera.
 
La segunda es la posibilidad de vista al exterior del edificio para los pacientes, los visitantes y trabajadores, no sólo como un buen criterio en el oficio normal de la arquitectura, sino por las evidencias que indican que la vista a espacios abiertos contribuye a una más rápida recuperación del paciente. Hay consenso en que el paciente que espera ansiosamente los resultados de un diagnóstico, se tranquiliza al poder distraerse contemplando una vista exterior. Igualmente, en un proceso en el que el tratamiento es más prolongado, exigiendo más larga permanencia, el proceso puede ser estimulado por la posibilidad de tener una vista lejana.
 
La tercera pauta es diseñar un edificio que permita a los pacientes, trabajadores y visitantes contacto con la naturaleza. De forma ideal y si el clima lo permite, este contacto puede ser físico y no sólo visual, debido a su efectivo resultado terapéutico, por ejemplo, por medio de la utilización de balcones o terrazas en las áreas de hospitalización. Plantas e incluso imágenes fotográficas o pinturas con elementos naturales, pueden ayudar significativamente cuando el acceso al exterior no es posible. La cuarta estrategia es proporcionar confort a los ocupantes en sus espacios cotidianos y aún más importantes, que tengan control sobre algunos elementos definidores del espacio, tales como la iluminación y el sonido. Ofrecer controles en la cabecera de la cama de los pacientes para la apertura de cortinas y puertas, ajuste de la iluminación artificial y otros elementos son realmente muy baratos.
 
El quinto patrón de diseño es crear espacios que tengan legibilidad espacial. Esto quiere decir que las personas puedan comprender el espacio y, por ejemplo, encontrar fácilmente su camino y moverse por el edificio casi que utilizando únicamente su 'mapa mental'. El diseño debe determinar la jerarquía de los espacios en la que las áreas de uso común y de uso privado estén claramente definidas, de manera que las entradas y salidas sean obvias y para que los diferentes espacios del edificio tengan diferentes identidades visuales. La sexta iniciativa es utilizar arte para agradar y animar a los usuarios del espacio hospitalario. Puede ser una pintura en la pared, una escultura o incluso elementos naturales trasformados en el paisaje o incluidos en los espacios interiores.
 
Un buen proyecto que incluya estas pautas de diseño, según las evidencias, no implica un aumento sustancial de los costos, pero en cambio sí muestra economías significativas al ampliar el ciclo de vida del edificio y la propia calidad de vida de los usuarios (6). Un desafío pendiente es la evolución de los sistemas e instrumentos de valoración de los espacios que permitan un análisis tanto técnico y funcional, como de la percepción del espacio construido desde el punto de vista de los diferentes usuarios.
 
Los gestores del espacio físico necesitan de este tipo de instrumentos de evaluación para el apoyo y la toma de decisiones en la búsqueda de la excelencia de los edificios para la prestación de servicios de salud. Estos instrumentos deben permitir una visión inicial de las necesidades para el control de todas las fases del proceso de diseño, construcción y operación. Adicionalmente deben señalar los aspectos que necesitan mejoramiento y encaminar la introducción de nuevos conceptos espaciales y gerenciales (7) (ver figura AEDET).
 
Cuando se busca la excelencia en el sentido más amplio debe haber una superación de las condiciones mínimas establecidas por las normas técnicas de salud, higiene y seguridad, porque algunos atributos del espacio 'excelente', como flexibilidad y posibilidad de expansión, sumados a cualidades ambientales, a elementos físicos de información y orientación que contribuyen a la satisfacción del cliente, están más allá de las normas. Detrás de la iniciativa del Center of Health Design y del propio Servicio Nacional de Salud inglés que consolidan el grado de evidencia de la influencia del espacio en la recuperación del paciente, se puede advertir la ampliación de esta discusión a través de estudios que apuntan, señalan y demuestran que, en cuanto al costo-beneficio de la intervención, el incremento de los costos debidos a la incorporación de elementos de "Healing Environment" puede ser rápidamente recuperado, justificando todo el beneficio introducido (8).
 
En este contexto y basado en los fundamentos de la economía de la salud, lo que se busca no es solamente la eficacia y la efectividad, sino también la eficiencia locativa, que eleva la calidad de la atención de la salud sin consumir recursos adicionales que puedan comprometer los limitados presupuestos del sistema de salud. "¿Un edificio que es mejor para los pacientes y sus cuidados puede actualmente proveer ganancias financieras, aun siendo más caro? Con el liderazgo administrativo de hospitales enfocados en valor agregado, sustentado por el consejo del hospital, apoyado en diseñadores talentosos, con disposición para incluir las lecciones del "Evidence based Design", la respuesta es sí.
 
Referencias bibliográficas:
 
(1) Rubin HR, Owens AJ e Golden G (1998) An Investigation to Determine Whether the Built Environment Affects Patient's Medical Outcomes Center of Health Design, Martinez, California, USA.
(2) Wessels L (2004) The New Dutch Integral Evaluation System Called "Qind" Head Building Department Netherlands Board for Hospital Facilities, The Netherlands [Apresentado no 24th Seminar UIA International Union of Architects in Public Health Work Programe, São Paulo in Brazil, 2004].
(3) Varni JW (2001) An Evaluation of the Built Environment at Children's Convalescent Hospital, San Diego, USA. 4 Russ Coile´s Health Trends (2001) Healing Environment: Progress Toward Evidence-Based, USA. 5 Scher P (1996) Patient Focused Architecture for Health Care, Arts of Health Manchester Metropolitan University, UK. 6 Lawson B. (2005) Evidence-based Design for Healthcare, Business Briefing: Hospital Engineering & Facilities Management, USA. 7 Guelli A. e Zucchi P (2005) A Influência do Espaço Físico na Recuperação do Paciente e os Sistemas e Instrumentos de Avaliação, Revista de Administração em Saúde, Brasil. 8 Berry LL, Parker D, Coile RC, Hamilton DK, O´Neil DD e Sadler BL (2004) The Business Case for Better Buildings, Frontiers of Services and Management, USA.
 
Arq. Augusto Guelli
 
Es arquitecto y urbanista, graduado de la Universidad de São Paulo en 1986 con especialización y maestría en Economía y Gestión en Salud del Centro Paulista de Economía en Salud CPES de la Universidad Federal de Sao Paulo. Tiene una amplia trayectoria en Planeamiento Físico y Arquitectura para empresas de Salud. Anteriormente fue profesor de 'Gestión de Recursos Físicos'del curso de Administración Hospitalaria del Centro Universitário São Camilo. Actualmente es profesor y coordinador de los cursos 'Tendencias en proyectos de edificios de salud' y 'Arquitectura para la salud' de la Câmara dos Arquitetos e Consultores/PINI. Desde 1988 es Director de Proyectos de Bross Consultoria e Arquitetura S/C Ltda., empresa especializada en el desarrollo de equipamientos de salud.

lunes, 7 de octubre de 2013

El ser, un habitante del espacio mental


Por: Jennifer Liz Chávez García

El Ser del hombre en el mundo se ha visto que es lo superior y fundamental de varias ramas existenciales, es decir, con la vida que lo rodea. En su marcha hacia la superioridad, el habitar ha sido el principio del  Ser, ya que el hombre es un habitante.
De acuerdo al concepto cristiano - judío del Todopoderoso, podríamos decir que hacemos todo a nuestra propia imagen, porque no tenemos modelo más confiable. Los objetos producidos por nosotros nos describen mejor que cualquier comprensión de fe ( Joseph Brodsky ).

López Soria (2009), Peter Zumthor (1999) y Juhani Pallasmaa (2001) en sus publicaciones han tenido el mismo pensamiento: el apego de construir (guarnecer) y sobrevivir, la motivación por el arte y belleza, la superioridad del hombre y la ignorancia de los seres le rodean.
Los tres autores han manifestado el modo de pensar que tienen sobre la arquitectura sin olvidar los problemas que ocurren entorno a este. Nos presentan la arquitectura actual aún incapaz de alcanzar su verdadera esencia.

La arquitectura es un espacio mental construido que surge de la imaginación y el arte. Sin embargo, la arquitectura va cambiando, los pensamientos también; no obstante, el Ser sigue teniendo el mismo objetivo: “La posibilidad”.
En un mundo donde todo se está volviendo igual, y eventualmente inevitable, insignificante e inconsecuente; el arte tiene que mantener las diferencias de significación, y en particular, los criterios de la calidad experiencial. Desde este punto de vista, la arquitectura tiene que desacelerar a la experiencia, detener el tiempo y defender la lentitud de la experiencia.

Peter Zumthor expresa su motivación en el diseño de edificios que hablan de nuestros sentimientos y su comprensión de muchas modos, con una presencia y personalidad poderosa e inconfundible. Nos muestra la profundidad la relación entre la arquitectura y la experiencia.
El arte articula la superficie entre el Ser y el mundo, tanto en la experiencia del artista, como en la del observador; sin embargo, no es solo un refugio para el cuerpo, sino el contorno de la conciencia: el espacio mental.

Bibliografía Consultada:

·         Juhani Pallasmaa. El Espacio Vivido (2001); En: Cartografías Urbanas; web: http://cartografiasurbanas09.files.wordpress.com/2010/03/el-espacio-vivido_juhani-pallasmaa.pdf; 86 a 90 pp.

·         Peter Zumthor. Thinking architecture (1999), Suiza, 3rd Edition; pág. 9-26

·         López Soria. Todo construir es ya un habitar (2009), España; web: http://jilopezsoria.blogspot.com/2009/06/heidegger-puente.html; pág. 1-6

·         Martin Heidegger. Construir, habitar, pensar (1951), Alemania, web: http://www.farq.edu.uy/estetica-diseno-ii/files/2013/05/Heidegger-Construir-Habitar-Pensar1.pdf; pág. 1-8

·         Guillermo Hevia García. Plataforma Arquitectura, Opinión: ¿Hacia dónde va la arquitectura? (2012); Disponible en: http://www.plataformaarquitectura.cl/tag/peter-zumthor/