lunes, 29 de diciembre de 2008

Releyendo: "Hacia una nueva Arquitectura" de Le Corbusier

Por: Arq. Nicanor Wong

Corría el año de 1923. “Vers une Architecture” [1] abre sus páginas a la vista del público francés en la ciudad de París. Su autor, un arquitecto de origen suizo que se autodenomina Le Corbusier (el cuervo) siendo su nombre de pila Charles Édouard Jeanneret-Gris (6 de octubre de 1887 - 27 de agosto de 1965).

“Hacia una Arquitectura” se presenta como un libro-manifiesto que recopila una serie de artículos escritos en la revista parisina L’Esprit Noveau (1920 - 1925), magazín crítico editado por Amadée Ozenfant [2] y Le Corbusier acerca de las artes, literatura, arquitectura y ciencias de la época.

La relectura de este clásico de la arquitectura moderna no puede disociarse de la peculiar personalidad del autor, su filosofía ante un mundo en pleno cambio dramático y el hombre que se incuba para las siguientes generaciones.



La hecatombe como fermento.


La Primera Guerra Mundial desarrollada durante los años 1914 a 1918 dejó aproximadamente ocho millones de muertos y seis millones de inválidos. Francia fue el país más afectado proporcionalmente con 1.4 millones de muertos y desaparecidos, equivalentes a un 10% de la población activa masculina, acompañado por un déficit de nacimientos.

El estancamiento demográfico francés se prolongó, con un envejecimiento de la población que sólo logró crecer con la inmigración. El norte francés había quedado en ruinas: casas, puentes, vías férreas, fábricas, etc.

Este apocalíptico panorama revela al hombre su potencial irracional y autodestructivo con el invento de la guerra de trincheras, ametralladoras, gases venenosos, tanques, dirigibles y nuevas formas de bombardeos más aniquiladores. El hombre se muestra como una pasión inútil[3].

La mujer ingresa al campo productivo en las industrias y el trasporte motorizado se generaliza como forma de desplazarse. Charles Édouard, para el final de la guerra, con 31 años, había presenciado este desolador panorama en la zona francófona de Suiza, Chaux-de-Fonds.



Desequilibrios infantiles [4].


El autor del libro deja leer entre las líneas de una entrevista la cercanía para con su madre, más no así para con su padre de quien detestaba su trabajo como artesano de relojes: "Mi madre se dedicaba a la música seriamente, profesionalmente; mi padre estaba abocado a una profesión condenada a desaparecer: en la capital de reloj, La Chaux-de-Fonds, Suiza, donde nací, fabricaba cuadrantes de esmalte blanco, una de las artesanías más difíciles. Mi padre la ejerció con todas sus dificultades que yo intuía en forma directa o indirecta. Nunca quise hacer ese trabajo (…)”

“Dejé la escuela a los 13 años” afirma. Vivían en una casa modesta, con la austeridad propia de una familia pequeña de villa pobre en la escasez de la guerra. Charles no quiere ser ni como su padre vivir en el anonimato, como su padre. Ansía respirar aires de grandeza que la escuela pueblerina también le negaba. Se matricula en la Escuela de Arte. “(…) Tenía la manía del dibujo, entonces ingresé en una escuela de arte. Pero el primer día al volver a casa dije: "Me hacen grabar estuches de reloj" y mi padre me dijo: "Más vale eso que nada". Pero no me gustó, no quería tallar relojes para Sudamérica…” Otro repudio al artesano oculto.

Un maestro estupendo se interesó por mí, se llamaba L'Epplatenier. Un día me dijo: "Harás otra cosa, serás arquitecto". Y yo le dije: "¡Que calamidad! Odio ese trabajo". Pensaba en las casas que se hacían en mi ciudad, muy feas”. ¿Tan feas como los relojes que hacía su padre? Probablemente. La artesanía relojera en donde se embutían los relojes es de por si conocida internacionalmente. Curiosamente, el autor – quien posteriormente fija su ideal en la máquina – no hace halagos de la más exacta de todas las máquinas: el reloj. Critica duramente la cáscara pero no el contenido. Ya Diderot se refería a Dios como el “gran relojero del universo” aludiendo la maquinaria en movimiento de los cuerpos celestes y el destino del hombre.

El oficio del arquitecto en la Suiza de pre guerra, en una villa como Chaux-de-Fonds no era gran cosa. La práctica usual de construcción era la autoconstrucción, el arquitecto… no era indispensable. Sin embargo, “un día en mi escuela, había uno que quería construirse una casa, entonces le propuse hacérsela. El me dijo que yo no era arquitecto, a lo que yo le contesté: "No, pero puedo probar, es lo mismo hacer una casa que otras cosas". Entonces le hice unos planos. Y quedó asombrado, lo convencí (…) Me encargó su casa, y tuve mis primeros problemas graves con la opinión pública, que nunca cesaron”. No se ha guardado registro de esta primera obra, probablemente semejante a las casas de su entorno, pero el mismo hecho que un estudiante de arte dirigiese una obra edilicia ya era de por si polémico y con la polémica delirios de grandeza.



Maestros ignorados.


En 1918 se traslada a París, una ciudad en ruinas donde todo estaba por hacer. Trabaja en el estudio de Auguste Perret[5], arquitecto pionero en la técnica de construcción en hormigón armado. A continuación viajó a Alemania y trabaja en la oficina de Peter Behrens[6] de quien parece haber obtenido una gran influencia. Puede haber coincidido con Ludwig Mies van der Rohe y Walter Gropius, quienes también trabajaron ahí en esa época. Visitó Estados Unidos, donde se familiarizó con la obra de Frank Lloyd Wright, que por aquel entonces comenzaba a ser apreciada en Europa.

A pesar de la talla de estos dos personajes y la repercusión que tuvieron en la arquitectura de su época, Charles se muestra no les asigna ningún mérito. "Quizás sorprenda, pero diré que nunca pretendí ser más astuto que los demás. Sí pensé por mi cuenta siempre e intenté explicitarme a mí mismo y a mis ideas en la práctica. El principio es que tengo una mente organizada. Soy un autodidacta, pero soy muy curioso, todo me interesa." Curiosamente no los menciona ni hace referencia a su experiencia profesional: “"No tengo diploma y por eso nunca tuve que olvidar lo que estudié. Esa es la pura verdad. Tampoco fui en absoluto un profesor. Tengo un estudio en la rue de Sevres y tuve allí más de doscientos colaboradores”.

En 1922 abrió una oficina de arquitectura con su primo Pierre Jeanneret, con el cual mantuvo su asociación hasta 1940, para 1920 ya había construido una segunda casa en su pueblo natal.



El triunfo del super ego: nace Le Corbusier [7].


Después de una hecatombe mundial y la ambición por el prestigio tras unos estudios truncados en arte y arquitectura, caben dos alternativas: o la vuelta al pasado o romper con el mismo. Charles opta por la segunda, se reconstruye y niega con violencia lo anterior, nace Le Corbusier. La persona que siempre quiso ser, liberal, crítico, polémico y narcisista[8]. “Soy ‘Corbu’ y algunos vienen por eso, y porque saben que no es fácil. Dicen que tengo mal carácter, pero no es cierto. Soy simpático…”

Desde su magazín siembra la discordia con afán protagónico, se hace popular entre los jóvenes estudiantes, ansiosos por un líder que ordene nuevamente el mundo, él mismo se erige como el máximo exponente de esta nueva ideología que viene a profetizar: las nuevas reglas de la arquitectura.

Algunos biógrafos sostienen que toma el apellido del abuelo materno. Aunque la relación que sostiene con su madre es muy estrecha no parece la mejor explicación, otros aducen su apelativo con su nariz puntiaguda; sin embargo, la omnipresencia del ave – con áurea de misterio - en el Continente: el cuervo, parece ser la razón más apropiada.

Desde 1910 ya en Hollywood (California - EEUU) las estrellas cinematográficas adoptan como sistema de comercio de sí mismos el empleo de otro nombre[9], alguno que sea atractivo para los fanáticos.

Respecto al cuervo, el escritor Edgar Allan Poe en 1845 con su novela de misterio “el cuervo” y a su vez, la mitología nórdica, relaciona al plumífero con velos de misterio, de pensamiento y la memoria; aves preferidas del dios Odín. Inclusive, en la historia judía Noé libera dos aves tras la inundación universal: una paloma y un cuervo para tomar conocer si la tierra ya es habitable, la única que retorna a la barcaza es la paloma.

El cuervo, Le Corbusier, siempre será un misterio. No cabe duda que vendió perfectamente su imagen.



La arquitectura y el hombre catapultados como modernos.


Los debates del CIAM (Congrès International d'Architecture Moderne) fue fundado en 1928 y disuelto en 1959, como el almacén de ideas del movimiento moderno tanto en arquitectura como en urbanismo. Los manifiestos en los que el término "arquitectura como un arte social" se repite. Fue fundado en junio de 1928 en Suiza, por un grupo de 28 arquitectos europeos organizado por Le Corbusier, Hélène de Mandrot y Sigfried Giedion como primer secretario general.

Al mismo tiempo que los miembros del CIAM viajaban por todo el mundo tras la guerra, muchas de sus ideas se extendieron fuera de Europa, especialmente a los EEUU. Desafortunadamente, la puesta en práctica de muchas de las ideas debido a la crisis económica no fue ejecutada porque, contrariamente a su fachada social no era económica. Por otra parte, el estilo forjado por esta corriente arquitectónica se enfrentaba troncalmente con los conceptos que sostenía la Academia de Bellas Artes. ¿Cuál de ellos era el válido? ¿La añeja y enraizada fórmula de la Academia o la nueva? La resolución a esta pregunta es casi imposible. Ambas tienen el suficiente material teórico que las sustente sin embargo, la práctica académica era madura y conocida, la nueva experimental y guiada por las artes plásticas y manifiestos literarios.[10]

La preocupación por el hombre post guerra es una constante. El shock-trauma en la memoria de la humanidad necesitaba una catarsis[11] social. No es casualidad el quiebre que se produce en todos los campos artísticos – arquitectura incluida – con la aparición de las vanguardias o movimientos de corte violento, extremo y de ruptura con la tradición: 1909 el primer manifiesto futurista italiano en París y del rayonista en Rusia; 1915 el manifiesto suprematista, 1918 manifiesto del dadaísta, purista y de la revista De Stijl; 1920 manifiesto del realismo y del productivismo, 1926 manifiesto del elementalismo, 1929 segundo manifiesto surrealista. En total, seis tendencias claramente definidas - en un lapso de veinte años - de lo que va desde la primera guerra hasta los inicios de la segunda que intentan abarcar todo el ámbito de las artes con la intención de revolver sus entrañas y cuestionar sus orígenes[12]. Toda una catarsis social nunca antes registrada.



L’ Esprit Noveau de Le Corbusier


Con treinta y seis años a cuesta y unos cuantos edificios construidos, en 1923 publica una recopilación de textos sobre arquitectura que se habían publicado en la revista que dirigían. "En 1918 fundé y dirigí, con Ozenfant y Dermée, la revista "L´Esprit Nouveau". A último momento mirando las galeradas del número 1, Ozenfant me dijo: "Hay que incluir algo de arquitectura". Entonces el sábado por la noche, hice algo. Había que entregar el texto el lunes. Escribí "Tres consejos para arquitectos", y dije, "no los firmo Jeanneret, mi apellido, sino Le Corbusier, y así nació el maldito Le Corbusier, con ese artículo. Este y los siguientes hicieron mucho ruido."

Entonces, el libro que se publica, recoge cinco años de escritos y crítica a la arquitectura de la época. Lo realiza con pocas obras construidas, veintitrés bocetos de proyectos no realizados en los que ya está trazada el modulor (planta libre y circulación vertical) de 1914, planteamientos urbano-utópicos de influencia futurista como la “villa contemporánea para tres millones de habitantes” de 1922[13] y algo de experiencia profesional trabajando para el estudio de Auguste Perret: de allí su afición por el concreto. La estructura del libro es tan poco uniforme como lo son sus pinturas[14]. Intenta afianzarse en la revolución industrial como el espíritu de la época, algo por demás conocido: "Hay un nuevo espíritu, un espíritu constructivo, de síntesis, con una concepción clara. Hay muchas obras del nuevo espíritu, sobre todo en la producción industrial".



La estética del ingeniero


"Los grandes problemas de la construcción moderna serán resueltos por la geometría. El ingeniero, inspirado por la ley de economía y conducido por el cálculo nos pone de acuerdo con el universo, logra la armonía. La arquitectura es el juego inteligente y magnífico de los volúmenes reunidos bajo la luz."

Con la admiración por la labor del ingeniero antes que la del arquitecto – simple decorador -, inicia la polémica. Refiere a su labor caracteres de artistas con el empleo de las matemáticas que crean belleza, básicamente la geometría. Sin embargo, son las matemáticas la reducción al abstracto de una entidad o entidades reales, tal como lo puede ser la proporción áurea; lo mismo sucede con los modelos matemáticos de cálculo estructural, no son más que modelos que nos aproximan racionalmente a una realidad. “En un mundo que carece materialmente de puntos, líneas o ángulos rectos, la matematicidad –esa cualidad de lo aprensible de la que hablaba Heidegger– se presenta como auténtica donación (…) Su obra está marcada por la dimensión pública del arte y por la geometría entendida como territorio íntimo y, así, universal (…)El poema del ángulo recto evoca el engranaje entre lo natural y lo construido, entre la materialidad nouménica y la idealización perfecta. Es un canto a la racionalidad de la naturaleza y a la épica arquitectónica, al complejo pacto con el entorno que supone cualquier intervención del espíritu sobre un mundo que responde con indiferencia geológica a los anhelos de lo antropocéntrico”[15].

“¡Matemática! He aquí el hecho: el reencuentro (…)¡He ahí la proporción! La proporción que pone orden en nuestras relaciones con lo circundante. (…)”[16].

Esta devoción por el producto de la ingeniería: la máquina, le permite presentar y defender el dinamismo de la ingeniería frente al tradicionalismo de la arquitectura. Por otra parte, la arquitectura no se reduce al campo edilicio: conseguir que un edificio se sostenga, sino en armonizar las formas sencillas y tocar el “eje” (la fibra sensible) de las personas que reaccionan ante algo bello sin entender exactamente el por qué. El trabajo del ingeniero no conmueve, la del arquitecto sí cuando alcanzan la belleza, término que no llega a definir conceptualmente sino meramente a describir como consecuencia de varios factores dentro de los cuales, la decoración queda excluida.



La vivienda para el super hombre feliz


Aborda en primer plano el tema de la vivienda, el concepto que se tiene de la misma y el modo tan superficial con que el arquitecto la concibe a diferencia del ingeniero. La vivienda – necesidad urgente posterior a la guerra – será el edificio desde donde desprende los elementos de lo que denomina “nueva” arquitectura sustentada en la vieja: Grecia y Roma.

A pesar de renegar de la tradición y la decoración; de alabar las variedades del mundo antiguo y sus soluciones y de la profunda belleza de las mismas, el último capítulo lo dedica a las casas en serie. Acuña el término “casa - máquina”, sana y con sensibilidad artística que pueda provocar los elementos puros. En este punto los investigadores disputan.

Dirá: “Admiro la perfección desde que vi el Partenón. Y, en nuestra civilización, esa perfección la aporta automáticamente la máquina, que no es un espanto ni algo horrible, sino un útil extraordinario de perfección (…) La perfección debe lograr sus fines de naturaleza, no estética, pero sí armoniosa. Y ésta se basa en el estándar, palabra horrible, que me valió insultos y reproches. Pero el templo griego es un estándar, y también las madonnas (…) Había visto el Partenón desde muy cerca, pude tocarlo con mis manos, y pensé que eso no se enseñaba en la Universidad. Pero desde el siglo XIX (antes quizás), se concibió la arquitectura como algo especializado, para pocos. Pero no es así: en arquitectura, las obras de dimensión humana son eslabones de la tradición, que está hecha de los eslabones revolucionarios del pasado (…) Todo el pensamiento humano actúa sobre estándares, busca situarse en relación con temas esenciales, escogidos, ultimados y afinados cada vez más, en lugar de divagar en la cacofonía. El estándar lleva a la perfección, lleva a reconocer elementos permanentes en las cosas. Esa búsqueda nos lleva hacia el hombre, hacia la presencia humana".

La interpretación apunta a concebir los elementos constructivos el numerador y el ensamblaje de los mismos como el denominador común o “serie”. Sin embargo, los bocetos que presenta de viviendas sociales son la repetición continua de un modelo o el modelo repetido en vertical generando gigantescos rascacielos repetitivos (Plan Voisin – Francia). LC, como firma sus dibujos, no llega a alcanzar una coherencia entre lo individual y lo serial, entre lo serial y lo económico, entre lo económico y lo humano. Así describe las dificultades que sufrieron las viviendas que proyectó para la ciudad de Pessac en 1925:"Un industrial de Burdeos dijo: ‘Quiero demostrar que se puede resolver el problema de la vivienda. Haré una casa de 18.000 francos’. Se necesitaban 75.000 francos para comprar una máquina y, aunque le pareció muchísimo, la compró. También compró el terreno. Quería empezar con 50 casas. Hizo todo lo posible, pero provocó celos, odio, y eso también me afectó a mí. Pero de todos modos hicimos la Cité de Pessac, un pequeño paraíso (…) Pero no quisieron darle agua porque decían que las casas eran antihumanas, que no eran para hombres. Así lo dijo el director de obras hidráulicas. Y por eso quedaron vacíos ocho años. Pero en París oyeron hablar de la ciudad de Dessau[17]. Gropius, un gran arquitecto alemán echado por Hitler, había construido en Dessau inspirándose mucho en Pessac. La Municipalidad de París decidió enviar una comisión a Dessau para estudiar la arquitectura moderna alemana, mientras Pessac moría."

¿Cómo Gropius pudo inspirarse de LC si ambos estaban construyendo al mismo tiempo? Y, por otra parte, ocho años desde 1925 nos sitúa en 1933, un año después que la Bauhaus fuese cerrada por Hitler y las relaciones diplomáticas entre Francia y Alemania al borde del colapso. ¿Sería verdad que las casas experimentales eran anti humanas?

Podría pensarse que el narcisismo de LC pudo empujarle a ver en todas sus obras la libertad plástica a la que aspiraba como pintor y cerrar los ojos a la realidad del hombre como individuo. Afirma: "a veces mi mano precede a mi mente. La mano humana es algo fantástico. Me gusta lo bello, me importan los volúmenes y los colores. Pido la autorización de hacer para mí pintura, arquitectura y escultura. Si a otros les molesta, que se queden en casa…” El empleo de la razón áurea (matemática) como sistema para generar la proporción adecuada para el hombre atlético, perfecto y musculoso, de 1.83m de altura, del machista “modulor”, es el abstracto ideal para vivir, sin identidad ni individualidad. Una búsqueda y predicación de felicidad para la humanidad con cimentada en el denominador común sin considerar demasiado al numerador.

"Si merezco algo de gratitud pública, no es por los palacios que hice, sino por haber abordado el problema de la arquitectura, el arte, la expresión de la sensibilidad humana. Sentí que la vivienda era el lugar de la familia, y que se podría probar algo grande por ese lado, en que hallé que había gran parte de la felicidad humana (…) No se por qué me creo obligado a eso, pero en mis preocupaciones me agrada llegar a la solución de ese problema para aliviar las penas del hombre y sobre todo para aportar algo esencial: ALEGRIA DE VIVIR." Para LC la felicidad del hombre es, sobretodo, el ocio: “trabajé por lo que más necesitan los hombres hoy: el silencio y la paz”. Soñaba con las máquinas desarrollando el trabajo pesado mientras los hombres podían dedicarse a la cultura; utopía de una concepción universal del hombre perfecto que se contrapone a su costumbre por comprar obras del pintor Dubuffet[18]. Si los lisos muros de sus edificaciones eran el marco ideal para sus pinturas, los de su propia vivienda sirvieron para colocar los elementales cuadros que muestran a un hombre imperfecto, tosco, infantil y común[19]. Otra de las incógnitas en la vida del gran maestro.

El 27 de agosto de 1965, André Malraux[20] despide al gran maestro de la arquitectura moderna: "Fue pintor, escultor y más secretamente poeta. No luchó ni por la pintura, ni por la escultura, ni por la poesía. Sólo luchó por la arquitectura. Su famosa frase: "Una casa es una máquina para vivir", no lo pinta bien; sí lo hace otra frase: "La casa debe ser el estuche de la vida, la máquina de felicidad”.

El repertorio de LC parece manejarse bien en los extremos. La pasión con la que defiende los proyectos de Fideas y Migueal Angel y las consecuencias que de ellos saca, son una directriz obligatoria que todo arquitecto que se considere como bueno ha de seguir. El hombre deja parte de su personalidad en algo que le es propio (la casa) para convertirlo en una herramienta, pregona que las casas han de fabricarse en serie y perder la propiedad privada en favor de una extraña fórmula de alquiler: el súper hombre para la súper casa.



La nueva arquitectura es la arquitectura de siempre


Antes de 1914, postula Zevi, todo elemento de la lingüística racionalista había alcanzado su concreción[21]: Perret había sido el primero en hallar nuevos medios arquitectónicos en la potencialidad inexplorada del cemento armado y había anticipado claramente en la casa de la calle Franklin las posibilidades figurativas de la estructura vista; Behrens y Gropius, en sus edificios industriales, habían exaltado la poesía del hierro y de las anchas superficies de vidrio; Garnier, en la cité industrielle, había codificado los principios técnicos del urbanismo moderno; y por fin, Loos, en la casa Steiner, había adoptado la completa eliminación de todo elemento no estructural[22].

¿Qué nos advierte LC en su libro?, en una primera parte recuerda algunos elementos básicos formales y compositivos como el volumen, la superficie y la planta ordenados según una trama reguladora; en una segunda parte advierte del nuevo espíritu de la arquitectura centrada en el auto y el avión como hitos del cambio operante en el hombre y la sensación de movimiento como causa eficiente de tales desarrollos; una tercera parte nos recuerda las lecciones de Roma y finaliza con una pseudo propuesta de casas en serie como resultado de una economía que gobierna nuestros actos y pensamientos: “Ocupación lícita de toda sociedad que se instala (...), proporcionar alojamiento a los hombres (...), hacer todo lo necesario para que la existencia desarrolle sus horas en armonía, sin una trasgresión peligrosa de las leyes de la naturaleza. Y no esa vivienda tolerada bajo la forma actual que es la marca mal tallada entre las fuerzas desencadenadas por el dinero (...), que, habiendo disminuido el hombre de su realeza y abrumado de servilismos, le han hecho olvidar su derecho fundamental a una vida decente”[23].

LC atina en poner en evidencia el momento cultural europeo y delinearlo bajo la forma de un "movimiento", empleando como ejemplos sus propios proyectos y adueñándose de un léxico adecuado para sus lectores[24]. El libro en si, tiene poco de primicia y mucho de espontaneidad con aires de manifiesto. Da la impresión de ser una recopilación de distintos autores – sin participación para nadie a pie de página – bajo un denominador común que le da aires de novedad.



Un Best Seller


El profesor Mario Rosaldo, de la Universidad de Veracruz, en México, distingue algunas características que explican la popularidad que adquiere el libro para su época como un compromiso revolucionario y ético:

- El criticismo kantiano[25]: que divide la razón en teórica y práctica, delegando en la práctica la moral y la estética. Esta división le sirve para salvar los escollos de la gnoseología o teoría del conocimiento de supuestos inmanentistas.

- Las corrientes políticas revolucionarias, burguesas o socialistas precedentes y posteriores a la guerra: socialismos democráticos, comunistas, liberales, etc.

- El proceso de institucionalización de la ciencia: entendido como la conformación de entidades especializadas en determinados campos del conocimiento y la investigación científica.

El libro concluye con el postulado: arquitectura o revolución, que no sólo revela posturas éticas y estéticas diversas, sino que también habla de posturas políticas adversas o rivales. Los arquitectos no burgueses, de izquierda, como LC se oponen resueltamente al papel decorativo en que se colocaban los “adversarios” tradicionalistas o académicos. Sin embargo, en el debate teórico que emprenden, no llegan a ofrecer un método de acción que haga posible la vinculación entre la teoría revolucionaría y la práctica profesional o lo que se denomina “arquitectura social”: entre los principios éticos y la solución política o revolucionaria. Todos los planteamientos quedan en el tapete ideológico[26], proclamando la autoconstrucción y la vivienda en serie como sistema de atención mediática para ganar popularidad en los sistemas estatales de corte izquierdista.



El hombre feliz, un trampolín a la fama


“El hombre siente, en el día de hoy, que necesita un esparcimiento intelectual, un descanso corporal y la cultura física necesaria para resarcirse de las tensiones musculares o cerebrales del trabajo (...). Ahora bien, nuestra organización social no tiene nada preparado para responder a ello (...) Cuando vuelven a sus casas con una economía precaria, retribuidos sin una relación verdadera con la calidad de su trabajo, hallan de nuevo su sucia concha de caracol y no pueden soñar con crear una familia. Si lo hacen, comienzan el lento martirio conocido. También esas gentes reivindican los derechos a que la máquina de habitar sea simplemente humana. El obrero, el intelectual, no pueden seguir los mandatos profundos de la familia; manejan cada día, la herramienta brillante y útilmente activa de la época, pero no tiene la facultad de emplearla para ellos. No hay nada más decepcionante, más irritante. Nada está en condiciones. Bien puede escribirse: Arquitectura o Revolución”[27].

Tanto los arquitectos populistas que trabajan desde el estado para atender el problema social de la vivienda como los activistas que trabajan desde el usuario imponiéndole una arquitectura que le garantizará su felicidad, llegan a un mismo resultado: lo abstracto. Ni el primero, ni el segundo atienden la realidad individual y personal del ser humano, sino que le convierten en un problema de masa y economía que hay que resolver desde un planteamiento que no llega a ser científico – recordemos que al LC no le preocupara para nada el sistema del funcionamiento del reloj – sino meramente estético. La felicidad humana es… un buen deseo al que todos aspiran pero nadie remata.


Consideraciones finales


El libro se presenta como una recopilación de artículos sin mayor solución de continuidad entre ellos; es más, así queda descrito por el mismo LC, como la sumatoria de sus publicaciones en el magazín L´Esprit Noveau.
El hilo conductor que enlaza todos los capítulos es el desprecio por la tradición y la los cánones de la Academia de Bellas Artes, entidad de gran poder e influencia dentro del ámbito pedagógico de la arquitectura de la época. Cabe destacar que el texto no es un enfrentamiento a nivel teórico entre lo antiguo y lo moderno sino simplemente, denuncias sin mayor sustento.
Nada novedoso dice sobre el volumen, superficie, planta y trama reguladora a excepción del privilegio que otorga a la luz y a la masa. Sin embargo, propio del espíritu de la época son los elogios al avión, el auto y las casas en serie como punto de quiebre de la industrialización de la construcción donde el arquitecto tiene la función de manejar una estética de ingeniero: máquina de habitar que provoca sensaciones. La sensación es el motor de la invención, bien podría extrapolarse al diseño.
El anhelo de otorgar la felicidad al hombre moderno (destrozado por la guerra) y mostrar las posibilidades que otorgan los nuevos materiales – aunque no los menciona explícitamente – encubren su gran deseo de destacar como un vanguardista pero no al modo totalmente utópico sino con visos de realidad, por lo menos en cuanto a villas y palacios, de gran publicidad mediática aprovechando el slogan social – comunista (muy en boga en los estados europeos y masas juveniles de aquellos años): arquitectura o revolución, no hay más opciones.
Tardará tres años más para estructurar los cinco puntos de una nueva arquitectura que poca relación tiene con este libro - manifiesto previo. Hay sin lugar a dudas una evolución en la obra corbuseriana pero no se le puede exigir al maestro que sea coherente. Más artista plástico que arquitecto, LC es un espíritu libre de encasillarse en algún canon, hasta los que él mismo predique. Social – Comunista, entra al juego del libre mercado dedicando la mayoría de sus obras para la sociedad burguesa y unas cuantas para grupos de izquierda.
Narcisista, ambiguo, carismático… LC saca provecho, mejor que ningún otro de su época, las ansias de libertad y de un nuevo orden, para venderse a si mismo como un ave con halo de misterio y pensamiento que ha dejado una huella imborrable en la memoria de nuestra época. Charles Édouard Jeanneret-Gris había sido desde siempre Le Corbusier, el cuervo.





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[1] Le Corbusier. VERS UNE ARCHITECTURE. Crés, París, 1923. Traducción al castellano por editorial Poseidón, Buenos Aires, 1964.

[2] Saint-Quintin, 1886 - Cannes, 1966. Pintor y teórico de arte francés. Comenzó a pintar a los catorce años y, en 1904, frecuentaba la Escuela Municipal de Dibujo de su ciudad. Al año siguiente se instaló en París, donde empezó a trabajar en un estudio de arquitectura a la vez que estudiaba pintura con Charles Cottet en la Académie de la Palette. Su primera exposición individual tuvo lugar en París en 1908, en el Salón de la Sociedad Nacional de Bellas Artes. Participó en el Salón de Otoño de 1910 y en el de los Independientes de 1911. En 1915 fundó la revista L'Élan, y con Le Corbusier, con quien tenía coincidencias estéticas desde 1907, publicó en 1918 el manifiesto titulado Après le cubisme, en el que daban a conocer el purismo, una nueva forma de concebir el arte. En ese mismo movimiento comprometieron la revista L'Esprit Nouveau, fundada por los dos en 1920. En 1924 abrió un estudio-taller; en 1932, fundó la Academia Ozenfant en Londres, que dirigió hasta 1938. Entre 1939 y 1955, enseñó en la Escuela de Bellas Artes Ozenfant de Nueva York. Vivió en Estados Unidos hasta 1955, año en que volvió a Francia, donde transcurrió el resto de su vida.

[3] El mundo carece de sentido y de valor. El hombre es "el ser por el cual existen todos los valores", él es su fundamento. La elección no sólo es inevitable sino también absurda. «El hombre es una pasión inútil.» La experiencia metafísica del absurdo del mundo es la náusea; la experiencia metafísica de esta libertad para nada, de esta libertad inevitable y absurda, es la angustia. Sartré, Jean Paul. LA NÁUSEA. Francia, 1938.

[4] Semanario Digital de Teleproyecto ON LINE, a partir de un material cedido gentilmente por el Servicio Cultural, Científico y de Cooperación de la Embajada de Francia en la Argentina, 2003. http://www.tele-proyecto.com.ar

[5] Auguste Perret (1874 - 1954) fue un arquitecto francés. Nació en Bruselas. Estudió arquitectura en la Escuela de Bellas Artes de París y comenzó a trabajar después en la empresa de construcción de su padre, especializada en hormigón armado. Perret fue, junto con Tony Garnier, el arquitecto más representativo e innovador del nuevo clasicismo francés que apareció en París a comienzos del siglo XX.

[6] Peter Behrens (Hamburgo, 14 de abril de 1868 - Berlín, 27 de febrero de 1940, fue un arquitecto y diseñador alemán. Hizo los proyectos de las fábricas y las viviendas de los trabajadores, muebles, productos industriales e incluso la papelería, carteles, anuncios y escaparates; contribuyó así a consolidar una nueva idea: la de la "identidad corporativa", para cuyo desarrollo era necesario un nuevo tipo de empleador, el industrial visionario involucrado en todos los aspectos producidos por su industria, y también de proyectista. Proclama la unión del arte y la industria.

[7] Teoría psicoanalista desarrollada por Sigismund Schlomo Freud (Freiberg, 6 de mayo de 1856 - Londres, 23 de septiembre de 1939). Considera que “El Yo” es el balance biológico que se compensa con el “Super yo” que es la aspiración moral, consciente, de reglas sociales, lo que uno hace en su sociedad. El Super yo se forma en la fase Edipica: el niño renunciando a la satisfacción de sus deseos edípicos marcados por la prohibición imitativa de sus padres, interioriza la prohibición, renuncia a los deseos edípicos amorosos y hostiles - Edipo Completo - y se encuentran en el origen de la formación del Super yo, el cual se enriquece por las aportaciones ulteriores de las exigencias sociales y culturales.

Ref. Diccionario de psicoanálisis de Elizabeth Roudinesco y Michel Plon; Diccionario de psicoanalisis de Jean Laplanche y Jean Bertrand Pontalis; Diccionario de topologia lacaniana de Pablo Amster; Elementos para una enciclopedia del psicoanalisis de Pierre Kaufmann; Diccionario de psicoanalisis bajo la dirección de Roland Chemama y Diccionario de las configuraciones vinculares: http://www.esnips.com/web/DiccionarioPsicoanalisis

[8] El término narcisismo fue acuñado por el médico y psiquiatra austríaco Sigmund Freud. Se trata de una serie de rasgos de la personalidad que tienen que ver con la admiración propia, el egocentrismo y la autoestima.

[9] David Wark Griffith - padre del cine moderno - según la biografía de Gilbert Seldes cambia de nombre para aparecer en los créditos finales de sus filmes.

[10] Ver: Geofrey Scott. Architecture and Humanism. Contable and Co, Ltd, Londres, 1914. Traducción española: Arquitectura del Humanismo. Un estudio sobre la arquitectura del gusto. Barral, Barcelona, 1970.

[11] Una catarsis o experiencia catártica, es una experiencia interior purificadora, de gran significado interior, provocada por un estímulo externo, también se le conoce como "La liberación de las pasiones". Proviene del término griego Κάθαρσις, katarsis o katharsis que significa purga o purificación. El concepto tiene profundas raíces antropológicas y, a partir de esos orígenes, se la ha empleado en la medicina, la tragedia griega, el psicoanálisis, y hasta aplicada a la risa.

[12] Micheli, Mario de. LAS VANGUARDIAS ARTÍSTICAS DEL SIGLO XX. Alianza Editorial, Madrid, 2002.

[13] Catálogo de proyectos disponible en “Fundación Le Corbusier”: http://www.fondationlecorbusier.asso.fr/fondationlc_us.htm

[14] Ver: Le Corbusier. EL PROBLEMA DEL ÁNGULO RECTO. Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2006. Primera Edición, 1955. Disponible en: http://www.circulobellasartes.com/ag_ediciones-libros.php?ele=8&tipo=1&_pagi_pg=2

[15] Ídem. Prólogo de Juan Miguel Hernández León, Presidente del Círculo de Bellas Artes. Madrid.

[16] Ídem.

[17] Se refiere al edificio de la Bauhaus en Dessau, Alemania y las casas para los profesores construidos por los años 1925-26 y tomados por el partido nacional – socialista en 1932.

[18] Jean Philippe Arthur Dubuffet (31 de julio de 1901 en Le Havre - 12 de mayo de 1985 en París) fue un pintor y escultor francés de los más famosos de la segunda mitad del siglo XX.

[19] Montaner, Josep María. DESPUÉS DEL MOVIMIENTO MODERNO. GG, Barcelona, 1993. Página 18.

[20] André Malraux (París, 1901 - Créteil, 1976), novelista, aventurero y político francés. Personaje representativo de la cultura francesa que giró en torno al segundo tercio del siglo XX, en su vida se confunden los elementos novelados del escritor con la expresión del hombre público, la propaganda del político y la realidad de los hechos históricos que vivió. El escritor resumió en las primeras líneas de sus “Antimemorias” aquella etapa de su vida: “casi todos los escritores que conozco recuerdan con cariño su infancia, yo odio la mía”.

[21] Zevi,Bruno. EL LENGUAJE MODERNO DE LA ARQUITECTURA. Poseidón, 2008.

[22] Benévolo, Leonardo. HISTORIA DE LA ARQUITECTURA MODERNA. GG, Barcelona, 2002.

[23] Le Corbusier. Mensaje a los estudiantes de arquitectura. Infinito, Buenos Aires, 1973.

[24] Sansoni, G. C. LE CORBUSIER. Nauta, 1971.

[25] Immanuel Kant nació en 1724 y murió en 1804, filósofo alemán, considerado por muchos como el pensador más influyente de la era moderna.

[26] Tafuri, Manfredo. Teorías e historia de la arquitectura, 1970.

[27] Le Corbusier. Hacia una arquitectura. Poseidón, Barcelona, 1978, páginas. 234-235


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6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Nicanor, primero que nada gracias por escribir y compartir tu punto de vista. Creo firmemente que lo más valioso de publicar es recibir de quienes nos leen devoluciones críticas.
Lamento no poder responder con profundidad a tus comentarios pues ando algo complicado con mis tiempos, pero intentaré hacerlo del modo más concreto, dejando abiertas las puertas del diálogo e intercambio de pareceres.
1. Le Corbusier tiene el especial mérito de ser quien dio forma y difundió el Movimiento Moderno al mundo. NO quiere decir que su arquitectura tenga un mejor manejo de la forma que la de Mies, Gropius, Jacobsen... sino que asumió la labor de difundir para consolidar las nuevas ideas, la arquitectura del "nuevo hombre". Sus proyectos deben ser analizados con detenimiento y no solo como objetos aislados sino como parte de su entorno. Podemos aprender muchísimo revisando una sola casa, pero si nos quedamos en la fachada y la sacamos de contexto perdemos el verdadero legado. Te sugiero "amistarte" con el Corbu y revisar sus proyectos como quien quiere construirlos: estructura, composición en planta, composición en fachadas, volumetrías, contexto...
2. El gesto a la casa vecina no es estético, es volumétrico. Toma la altura de cornisa del edificio existente y la acompaña con el techo de la terraza. No construye la fachada con un muro, sino lo hace componiendo el frente de parasoles del primer cuerpo con el techo de la cubierta y los vacios resultantes. El vecino izquierdo no existía, por lo que reduce la altura de la casa hacia ese lado generando la trancisión en el cuerpo de la terraza.
En el pensamiento Moderno el "pertenecer" a un contexto no se entiende como la reproducción de elementos ornamentales, sino como el profundo estudio y entendimiento de las condicionantes a partir de las cuales se piensa en proyecto. Esto sucede en la casa Curutchet, no por nada sigue vigente en nuestros días y ha sido tomada como pauta para diferentes proyectos destacados.
3. Las modificaciones que se hicieron al proyecto original fueron hechas por Williams durante el proceso de construcción. Luego no se ha tocado el edificio, al menos en los aspectos más importantes (se han cambiado luminarias, movido muebles...) Hoy es una casa_museo, es decir, está abierta para la visita y no se usa como casa, pero no contiene otra función. Las autoridades del Colegio de Arq. de la Provincia no creo la hayan pensado como un museo del Movimiento Moderno Latinoamericano, no se si extista uno en alguno de nuestros países.

Hasta aquí por ahora, sigamos en contacto.

Anónimo dijo...

Muchas gracias Aldo por el tiempo que has tomado en tan didáctica respuesta. Definitivamente, LC, accionó como un gran mercader de su propio estilo (a veces traicionando el internacional).

Ayer terminé de hacer un ensayo de sus planes de ciudad para artistas, Voisin y plan para Río de Janeiro. Definitivamente es un hombre de espíritu libre que en una gran parte de su vida queda atado al movimiento moderno hasta que se le convirtió en una camisa de fuerza. Con la casa Curuchet y el Plan de Río va dejando de ser el LC moderno para volver al Jeanneret que era.

Atte.

Arq. Nicanor Wong Ortiz

Anónimo dijo...

Nicanor, lo interesante de intercambiar pareceres es que ponemos a prueba los nuestros y aprendemos de los del otro. No coincido con tu opinión sobre que LC quedó "atado" al Movimiento Moderno, ni que "traicionara" al estilo internacional. Empezando por lo segundo, el llamado "estilo internacional" es el nombre que elije Johnson para denominar el conjunto de obras modernas que exhibió en EEUU. La denominación buscaba comunicar uno de los rasgos fuertes del Movimiento Moderno que es la universalidad. Esto es muy posterior al auge de la producción de LC, por ende no es un "estilo" al cual él estaba adscripto. Pero profundizando más, el tema de "estilo" es ya incoherente con el pensamiento de LC y los arquitectos modernos. La solución constructiva reemplaza al los elementos ornamentales que componen los estilos. Nada más lejano del movimiento moderno que la idea de estilo, al menos desde la óptica del neoclacisismo.
La casa Curutchet es para mi un ejemplo de Modernidad por donde la mires: desde su concepción, relación con el medio, solución constructiva, proporciones... te sugiero profundizar en el entendimiento del Movimiento Moderno para poder mirar con otros ojos la arquitectura. Modestamente te sugiero revisar el libro de Helio Piñon: "Teoría del Proyecto", es muy claro y didáctico.
Lamentablemente el postmodernismo intentó hacer pasar como caduco a la modernidad, mi generación fue formada con ese pensamiento, creyendo que la arquitectura se hace con conceptos, teorías y reminicencias. La madurez de nuestra sociedad ha reivindicado la vigencia del movimiento moderno y relegado el postmodernismo. Igual hay mucho por hacer, discutir, trabajar... lo importante, creo, es tener las ideas claras y saber hacia donde orientamos nuestro oficio.
Saludos, seguimos en contacto!

Aldo G. Facho Dede - arquitecto

Mario Rosaldo dijo...

Nicanor:

Lo que he dicho específicamente de Le Corbusier lo puedes hallar aquí en el artículo Proyecto y método en arquitectura. Será más justo para todos si tus lectores pueden comparar lo que en efecto yo he escrito con esta interpretación personal que tú has dado de mis ideas.

Me parece que te basas más que nada en algunos aspectos del artículo ¿Hacia una arquitectura crítica? Pero ni ahí establezco una relación directa de Le Corbusier con Kant.

Charles Jencks ha creído hallar una herencia nietzscheana en Le Corbusier, por su obsesión con lo apolíneo y lo dionisíaco, y por su retorno al racionalismo griego evidente en su manejo de la proporción áurea y modulada. Pero el tema da para más y hay que discutirlo.

Saludos

Anónimo dijo...

Estimado Mario.-

Las ideas que manejas en tu artículo "Proyecto y Método en Arquitectura" son en verdad de una profundidad y labor de investigación asombrosos. De acuerdo contigo, junto con Aldo, que la aproximación a la obra, vida, comentarios y recopilación de textos de LC da para mucho.

Tu labor de análisis desde la filosofía y la crítica histórica - a mi parecer cercana a la postura de Agnes Heller - me parece que puede conducir al dogmatismo que justamente tratas de evitar. El "¿por qué?" encuentra una variedad de respuestas sin límite cuando René Descartes entronca la base de la realidad en la razón. Bajo esta perspectiva, creo, cualquier tipo de labor de investigación puede derrotar en cierto "nominalismo", vale decir, que la realidad es una, la distinción es el nombre con el que las designemos (Roscelino y Occam). Sin embargo, como narra la leyenda en la vida del filósofo español Ortega y Gasset al tomar una prueba final a sus discípulos, la única pregunta era "Por qué". La mejor calificación la obtuvo una de sus alumnas con la respuesta propia de nuestro tiempo: "y... ¿por qué no?".

La ansiedad que consume al investigador por hallar respuestas me lleva a pensar que la verdad es posible. Una y no contradictoria, como la premisa innata que: el todo es mayor que una parte.

Por otra parte el método no parece ser unívoco. El sistema racional-positivo de la ciencia puede demostrarnos que la parte puede ser mayor que el todo y vice versa. Es por ello que apelo a la intuición, a la abstracción primera de lo real, como método.

Tendremos tantas percepciones de un mismo hecho - recuerdo de la teoría de monadología de Leipzig - que intentarán abarcar lo inabarcable: la verdad absoluta el "y... ¿por qué no?".

Nicanor

Mario Rosaldo dijo...

Nicanor:

Más que evitar algún dogmatismo, evito dar por sentado lo que amerita un estudio a fondo. Y más que partir de la filosofía, parto del estudio de las fuentes.

Sobre la validez del método intuitivo, ya he escrito en Ideas arquitecturadas y forma parte de ello la serie de artículos que por ahora tengo incompleta: Antecedentes del debate crítico contemporáneo: los orígenes del irracionalismo.

Los otros artículos son: La crítica de arte, la intuición y la objetividad, Para romper la inercia y renovar la actitud crítica, y Arte, ciencia y simulación. Espero que mi supuesto dogmatismo no te desanime a seguir en comunicación.