domingo, 22 de noviembre de 2009

Habitar el Espacio. Comentarios sobre Heidegger.

Por: Arq. Nicanor Wong Ortiz
jnwong@caplima.pe

Síntesis: En 1951, el filósofo alemán, Martín Heidegger, dirige una ponencia que se convertirá en un clásico para la arquitectura “Construir, Habitar, Pensar”. A partir del existencialismo elabora un discurso en el que la experiencia del habitar precede al construir. El presente ensayo se detendrá en este punto, la experiencia como modo de posesión del espacio.

Palabras clave: hábito, posesión, habitar, construir, pensar, cualidad, forma, materia, causa, ser, substancia, sistema.

1. Introducción

La Teoría de la Arquitectura, como un sistema que agrupa en si distintos modelos de pensamiento respecto a su objeto propio – la arquitectura – dista mucho de ser un modelo de puras agregaciones conceptuales. La arquitectura, en si misma, es un sistema unitario (Ref. WONG, Nicanor. 2009. “El ser de la arquitectura en la percepción y la unidad con su objeto de conocimiento”. Arkhé. Consultado el 22 de noviembre de 2009 en http://arkhe-noticias.blogspot.com/).

Así pues, la teoría se sirve de la razón (pasando de una certeza a otra) como de la experiencia (el conocimiento empieza por los sentidos). Aristóteles sostendrá que la experiencia es el inicio del saber “el asombro es lo que indujo a los hombres a filosofar”. Paralelamente, para Heidegger, la experiencia del habitar es la causa de la esencialidad del construir. Me parece pues imprescindible iniciar esta investigación desde la definición de experiencia y conocimiento de la causalidad ya que para el filósofo alemán las esencias “son” a partir de la “experiencia” y la “experiencia” es a partir del pensamiento. El modelo existencialista aporta luces respecto conocimiento subjetivo, sin embargo necesitará inventar nuevas existencias para que el sistema pueda sostenerse al modo de la “glándula pineal” de Descartes, en donde la sangre se convierte en “espíritu” y reside el alma.

2. Experiencia y conocimiento de la causalidad

La experiencia de causa y efecto es, probablemente, la más recurrida por el pensamiento humano para el inicio de la hermenéutica. La ciencia y la vida práctica se basan en la dependencia entre unas cosas y otras. Mientras algunos sistemas de pensamiento niegan la causalidad, la realidad nos indica que es un hecho evidente (per se nota) sobre la cual se aboca el estudio y la investigación del fundamento de la misma. Y, el fundamento de la causalidad, no será otro que “lo que es”. Puesto que “es” puede “causar”. Entones, la causalidad es un proceso que parte de lo que llamamos “causas” y afecta otras cosas en lo que llamamos “efectos”.

La captación de la noción de causalidad no está aislado de su efecto, están íntimamente vinculadas a tal punto que no puede entenderse una sin la otra. El profesor alemán da cuenta de ello: “habitar y construir están, el uno con respecto al otro, en la relación de fin a medio (…) con el esquema medio-fin estamos desfigurando las relaciones esenciales. Porque construir no es sólo medio y camino para el habitar. El construir ya es, en sí mismo, habitar” (HEIDEGGER: 1951).

Podría distinguir algunas características principales de la noción de causalidad:

a. Todo lo que empieza tiene una causa, de modo que cualquier entidad es susceptible de adquirir alguna nueva cualidad de otra entidad que ya la posea: no es posible la sensación de “habitar” sin primero haber “habitado” previamente.
b. Todo lo que se mueve es movido por otro. Aristóteles formulará el movimiento como el paso de lo que está en potencia a acto en cuanto está en potencia. Para ello necesitará algo externo a él: no es posible la acción de habitar si no hay espacio construido.
c. Todo lo contingente necesita una causa. Entiéndase como contingente aquello que en sí mismo tiene la potencia de dejar de ser. Vale decir, puede ser como no puede ser y, si de hecho “es” necesita una causa que de su ser en acto, y ésta – puesto que es contingente – necesitará de otra, en una sucesión en cadena que no puede llegar al infinito. De hecho, la historia del hombre, nos muestra que no es necesario construir para habitar. Sin embargo la necesidad impulsará al acto constructivo. Nos lo aclara el filósofo alemán: “La consumación de la esencia del construir es el erigir lugares por medio del ensamblaje de sus espacios. Sólo si somos capaces de habitar podemos construir”.
d. Todo lo que conviene a algo y no es de su esencia le pertenece por alguna causa. Tomás de Aquino argumentará; “todas las cosas compuestas tienen una causa (…): aquellas de de por sí son diversas no convienen en algo uno si no es por causa que las una”. Heidegger dirá: “de ahí que los espacios reciban su esencia desde lugares y no desde “el” espacio”; puesto que el “espacio” de por sí es pura potencialidad.

En resumen, “nada puede ser causa de sí mismo” puesto que supondría que ese algo sería y no sería a la vez, lo cual es un absurdo. Por otro lado, “ninguna causa puede producir un efecto superior a sí misma”, lo que coloquialmente se podría entender como “nadie puede dar lo que no tiene”. El grado de habitabilidad de algo construido dependerá pues de su causa. Heidegger indagará por el origen etimológico del habitar, desde su concepción primaria y, hallará, que el habitar se relaciona con “el velar por”. De este modo, sostendrá que la esencia del habitar es “velar por” la unidad de los cuatro constitutivos del universo: los divinos, los mortales, la tierra y el cielo.

La causa se distingue de otras realidades porque aquella tiene una dependencia respecto al efecto. Así, las realidades afines a la noción de causa son:

a. El principio: aquello de lo que algo procede de algún modo. De allí que toda causa es un principio, pero no todo principio es causa. En este punto Heidegger sostiene que construir y habitar son casi idénticos: “si escuchamos lo que el lenguaje dice en la palabra construir, oiremos tres cosas: construir es propiamente habitar, el habitar es la manera en que los mortales son en la tierra, el construir como habitar se despliega en el construir que cuida — es decir: que cuida el crecimiento — y en el construir que levanta edificios (…) El construir ya es, en sí mismo, habitar”. Semánticamente es correcto, pero no así antológicamente. El mismo autor aclara: “no habitamos porque hemos construido, sino que construimos y hemos construido en la medida en que habitamos, es decir, en cuanto que somos los que habitan”.
b. La condición: disposición necesaria para el ejercicio de la causalidad. Heidegger necesitará del lenguaje desde su sistema filosófico: “la exhortación sobre la esencia de una cosa nos viene del lenguaje (...) El hombre se comporta como si fuera él el forjador y el dueño del lenguaje, cuando en realidad es el lenguaje el que es y ha sido siempre el señor del hombre”.
c. La ocasión: aquello cuya presencia favorece la acción de la causa. Correspondería a una condición favorable pero no indispensable. Por ejemplo, cuando el filósofo existencialista afirma: “...el habitar no es vivenciado como atinente al el ser del hombre; el habitar no se piensa nunca plenamente como rasgo fundamental del ser del hombre”. Hay que aclarar que – in sensu estricto (en sentido estricto) - “el habitar” sólo es posible cuando el hombre “es” más allá de la conciencia de sí mismo, a diferencia del maestro alemán.

Por lo tanto, el orden causal va del “conocer” al “actuar”. El “construir” es un efecto del “habitar”, el “habitar” del “conocer” y el “conocer” del “ser”.

3. Habitar, habitabilidad y posesión ¿una cuestión de relación?

“Habitar”, en el sentido de Heidegger, es una cualidad propiamente humana: “Los mortales son; esto quiere decir: habitando aguantan espacios sobre el fundamento de su residencia junto a cosas y lugares. Y sólo porque los mortales, conforme a su esencia, aguantan espacios, pueden atravesar espacios (...) con un habitar que ha sido, hace ver cómo este habitar fue capaz de construir”. Sin embargo, la “habitabilidad” es una cualidad externa: “…hay que distinguir que la habitabilidad es una cualidad del lugar y de lo construido”. Ya la filosofía clásica había distinguido, dentro de los nueve géneros de los accidentales de la substancia, el “habitus” o cualidad por la algo puede ser “tenido” (¿utilizable?) por el hombre.

El “habitus” como término entre - por un lado el acto y la potencia y por otro lado entre el exterior y el interior - es interpretado por Pierre Bourdieu como esquema generativo están socialmente estructurados. Han sido conformados a lo largo de la historia de cada sujeto y suponen la interiorización de la estructura social, del campo concreto de relaciones sociales en el que el agente social se ha conformado como tal. Pero al mismo tiempo son estructurantes; son las estructuras a partir de las cuales se producen los pensamientos, percepciones y acciones del agente. De hecho, el artista contemporáneo, Spencer Tunick (Ref. TUNICK: 2009. Consultado el 22 de noviembre de 2009 en http://www.spencertunick.com/) provoca la atención del espectador mostrando cientos de cuerpos desnudos yaciendo extensamente en distintos lugares; un acto provocativo al modo en que percibimos el mundo que habitamos y cómo lo habitamos.

Pero, ¿cómo la habitabilidad y/o la posesión puede tener esa característica de ser en lo que se percibe y en el cognoscente? Será, tan sólo, una distinción de relación.

“Lugar” y “construir” son cualidades propias de las entidades materiales en cuanto a la referencia que se establece entre las cosas. En rigor, no admite una definición, ya que es una noción primera, que no puede ser determinada por otra más conocida. Sólo cabe indicarla o describirla, porque es objeto de una experiencia inmediata. Constituye uno de los modos más generales de realidad.

La relación pertenece a una cosa en virtud de su ordenación a algo exterior. Esta ordenación puede estar en la realidad de las cosas o sólo en la operación de nuestra razón con la que comparamos una cosa con otra. En el ámbito de nuestro conocimiento, la relación parece tener un “ser” tan tenue que algunos filósofos han afirmado que es una cualidad propia de la razón. Sin embargo, lo conocemos de modo natural y por ello real. Requiere:

a. Un sujeto real de la relación.
b. Un término real y distinto del sujeto.
c. Un fundamento real que es la causa de la relación.

Pero, para Heidegger, la “relación” como “en referencia a” es de suma importancia para entender los elementos constitutivos de su universo: “el habitar como cuidar guarda (custodia) la Cuaternidad (tierra, cielo, los divinos y los mortales) en aquello junto a lo cual los mortales residen: en las cosas. Pero el residir junto a las cosas no es algo que esté simplemente añadido como un quinto elemento al carácter cuádruple del cuidar del que hemos hablado (...) los mortales abrigan y cuidan las cosas que crecen, erigen propiamente las cosas que no crecen. El cuidar y el erigir es el construir en el sentido estricto. El habitar, en la medida en que guarda (custodia) a la Cuaternidad en las cosas, es, en la medida de este guardar (custodiar), un construir”.

Curiosamente, el “ser” débil de la “relación” como cualidad de las entidades reales es, desde el interior del cognoscente un “ser” fuerte. Afirmará: “Nuestro pensar está habituado desde hace mucho tiempo a estimar la esencia de la cosa de un modo demasiado pobre. En el curso del pensar occidental esto tuvo como consecuencia que a la cosa se la representara como un ignotum (desconocido) afectado por propiedades perceptibles. Visto desde esta perspectiva, todo aquello que pertenece ya a la esencia en referencia de esta cosa nos parece, ciertamente, como un aditamento introducido posteriormente por la interpretación”. Un reproche a la metafísica tradicional debido al énfasis de su método analítico. A pesar de todo, la relación existente entre “habitar”, “cuidar”, “custodiar” y “construir” no es una sola esencia en referencia a alguno de los miembros del universo – como sostiene Heidegger – sino cuatro actos, propios y distintos, de la voluntad humana sobre el espacio extenso (mensurable), susceptible de ser conocido y modificado.

4. El espacio extenso

Contrariamente a lo que el profesor alemán sostiene, el espacio no puede ser entendido como esencia, no en virtud de su relación con otros lugares ya que todos los componentes han recibido el acto de “ser” de alguien superior a los mismos. Tampoco lo serán por el mero acto del cognoscente a excepción que dicho individuo sea el “ser por sí mismo” o sea, Dios.

Las entidades materiales son en cuanto a la actualización del mismo mediante la forma substancial (aquello por lo que las cosas son lo que son). Esta, actualiza la materia en lo que denominamos composición hilemórfica según una esencia y naturaleza específicas, causadas por algo o alguien según las nociones de causalidad que vimos anteriormente.

Es interesante destacar, dentro de la composición hilemórfica, la cantidad, entendida como la primera característica que afecta principalmente la materia y la hace divisible, mensurable, individual y numerable. Coincido con Heidegger que el “spatium” y la “extensio” no son fundamento de la esencia del lugar sin embargo sí serán su característica principal, lo primero que captarán nuestro sentidos y sobre lo que los arquitectos trabajarán.

Ciertamente la primera característica del espacio individuado le otorgará en mayor o menor grado la capacidad de ser poseído por el hombre en base a la esencialidad del mismo. “Aquello a partir de donde algo comienza a ser lo que es (comienza su esencia)” sostendrá Heidegger.

Se establecerá pues una dinámica de relación entre espacio individualizado por la extensión, el lugar en base a la relación con otros objetos y el conocimiento del mismo en base a la totalidad del sistema unitario de lo que llamamos arquitectura. “Los espacios que nosotros estamos atravesando todos los días están dispuestos por los lugares; la esencia de éstos tiene su fundamento en cosas del tipo de las construcciones. Si prestamos atención a estas referencias entre lugares y espacios, entre espacios y espacio, obtendremos un punto de apoyo para considerar la relación entre hombre y espacio” dirá y no separará el hombre del espacio puesto que no se da sin el otro y se modificarán recíprocamente; tanto así que añadirá una extrapolación ontológica: los mortales son, habitando.

Este punto de vista del filósofo desde la interioridad humana enriquece enormemente el valor propio de lo que llamamos “lugar”, más allá de las definiciones aristotélicas de “continente inmóvil”. Heidegger enriquece el concepto desde el conocimiento sensible: “el modo de habérselas de hombre y espacio no es otra cosa que el habitar pensado de un modo esencial” y, por qué ¿no?, intenta salvar la causalidad del espacio materializado con su peculiar cuaternidad universal “de la simplicidad en la que tierra y cielo, los divinos y los mortales se pertenecen mutuamente, el construir recibe la indicación para su erigir lugares”.

El construir será un dejar habitar que se corresponde al llamado de los cuatro componentes del universo. Desde el dejar-habitar, la esencia del construir que erige, experimentamos de un modo más claro - continuará - dónde descansa aquel producir como una actividad cuyos rendimientos tienen por consecuencia un resultado: la construcción terminada.

No quiero finalizar este ensayo que ha intentado aclarar el pensamiento de Heidegger desde el realismo filosófico sin una frase magistral del gran pensador alemán: “la esencia del construir es el dejar habitar (…) Sólo si somos capaces de habitar podemos construir”. Un territorio que toda persona que ostente el título de arquitecto ha de grabar a fuego en sus mentes, unas mentes que deben acostumbrarse desde la enseñanza de la profesión a pensar en lo que hacen. “Se habría ganado bastante si habitar y construir entraran en lo que es digno de ser preguntado y de este modo quedaran como algo que es digno de ser pensado (…) Construir y pensar, cada uno a su manera, son siempre ineludibles para el habitar. Pero al mismo tiempo serán insuficientes para el habitar mientras cada uno lleve lo suyo por separado en lugar de escucharse el uno al otro. Serán capaces de esto si ambos, construir y pensar, pertenecen al habitar, permanecen en sus propios límites y saben que tanto el uno como el otro vienen del taller de una larga experiencia y de un incesante ejercicio”.

Fuentes:


HEIDEGGER, Martín. 1951. Construir, Habitar, Pensar. Darmstadt, Alemania.
ALVIRA, Tomás et al. 1990. Metafísica. Pamplona, EUNSA.
CARDONA, Carlos. 1973. Metafísica de la opción intelectual. Madrid, Rialp.
ARTIGAS, Mariano. 1998. Filosofía de la Naturaleza. Pamplona, EUNSA.